Atenas, Grecia ::: 15 de junio de 2026 ::: Investigadores de literatura clásica abordaron los dilemas éticos y la carga psicológica descrita en la obra del dramaturgo Sófocles. El ensayo examina el colapso emocional del héroe griego ante la vergüenza social de sus actos, sirviendo como referente histórico sobre las conductas del confinamiento.
Ese mito es el punto de partida de Áyax, cuando un soldado dispara, la nueva producción de Teatro UNAM escrita y dirigida por Sergio López Vigueras, que el Colectivo Desde los Huesos estrenó el pasado 14 de junio, y que podrá verse hasta el 4 de julio, y del 6 al 29 de agosto en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz, del Centro Cultural Universitario.
La idea, sin embargo, no nació de un capricho filológico, sino de una pregunta más cercana. En entrevista, López Vigueras cuenta que el proyecto surgió de una investigación sobre la guerra contra el narcotráfico, un conflicto que, asegura, ha marcado a una generación entera (la suya, que tenía apenas veinte años cuando el Estado mexicano la declaró, hace ya dos décadas). Lo que le llamó la atención es que en ese conflicto se ha utilizado a una institución pensada para proteger a la población, el ejército, en tareas de seguridad interior contra esa misma población a la que en teoría debería resguardar. De ahí el salto a Áyax. Lo que interesó al dramaturgo fue el reverso del héroe triunfante de la épica tradicional.
«Es un guerrero que cae en una desgracia, en una vergüenza», un hombre que mata por error a inocentes y que, al tomar conciencia de lo ocurrido, no logra perdonarse. Esa misma pregunta, dice López Vigueras, es la que enfrentan (o evitan enfrentar) los soldados del ejército mexicano: ¿cómo procesan acciones que contradicen el juramento de lealtad al pueblo que dicen proteger? Frente a episodios como Ayotzinapa o Tlatlaya, el director es tajante: «no podemos dejar de preguntarnos dónde queda el honor para esta institución».
Sobre el escenario, esa pregunta se despliega en tres historias entrelazadas. Áyax aparece suspendido en un limbo posterior a su suicidio, rodeado de moscas y olores pútridos, recobrando poco a poco la memoria de los hechos que lo llevaron ahí.
En paralelo, dos soldados rasos, Camilo y Ríos, atraviesan escenas de su cotidianidad, desde barrer una calle hasta ejecutar órdenes mucho más comprometedoras, que revelan su lugar en un sistema rígido de jerarquías y obediencia.
Y está Cynthia, una niña que canta y juega en su casa hasta que esa cotidianidad es arrasada cuando el batallón de Camilo y Ríos irrumpe en su hogar por un reporte de inteligencia y comete una atrocidad que resuena, dice el director, «en el cosmos», como una herida trágica que trastoca el orden del mundo.
Esa irrupción es, para López Vigueras, el corazón de la pieza: el momento en que la responsabilidad individual se diluye en la abstracción institucional. Camilo y Ríos no son personas absolutamente libres, explica, sino ejecutores de órdenes que vienen de mucho más arriba, lo que les evita hacerse preguntas. El problema, advierte, es que ese mecanismo borra el sentido mismo de cada acción: «a mí me sacan del cuartel porque tengo algo que ir a hacer, algo muy específico […] cuando simplemente me dicen dispara para allá, eso viene de más arriba, y ahí entra un cortocircuito que me parece muy grave».
La obra, sin embargo, no se queda en el cuartel. Para López Vigueras, esta guerra que México, subraya, «no pidió» ha transformado silenciosamente la vida cotidiana del país durante el doble de tiempo que duró, según los relatos clásicos, la guerra de Troya: veinte años frente a los diez que tardó Ulises en volver a Ítaca.
En ese lapso, dice, se han normalizado restricciones bancarias, ciudades enteras han quedado devastadas (pone como ejemplo Allende, Coahuila) y hasta el precio de la gasolina o el carrito del supermercado quedan atravesados por decisiones que se toman muy lejos de quienes las padecen, en negociaciones binacionales sobre seguridad y comercio donde el ciudadano común no tiene voz ni voto.
Volviendo al título de la obra, el director conecta esta crisis con la noción de honor heredada del Siglo de Oro español, una honra que se fue vaciando de contenido hasta llegar prácticamente diluida al Romanticismo. Algo similar, sostiene, le ha ocurrido al ejército mexicano, heredero institucional de la Revolución: poco a poco dejó de regirse por el mandato constitucional para acomodarse a los intereses de quienes lo dirigen, afirma. Su conclusión es contundente: «todos los valores están en crisis en esta institución […] es una institución que revela mucho de cómo está en crisis el país».
El texto que da origen al montaje fue escrito en 2024 dentro del Programa Internacional de Dramaturgia del Royal Court Theatre, The Anglo Foundation, Teatro UNAM y la Cátedra Extraordinaria Ingmar Bergman en cine y teatro de la UNAM. La producción reúne en escena a Raúl Villegas como Áyax, Federico Zapata como Ríos, Tony Corrales como Camilo, Paulina Álvarez como Cynthia y Jorge Ríos como Canuto, bajo un diseño que evita convertir la violencia en espectáculo, con escenografía y diseño multimedia de Abigaíl Cinco, iluminación de María Vergara, vestuario y utilería de Sergio Miron, y diseño sonoro y composición musical de José Miguel Delgado.
Para López Vigueras, llevar esta obra a Teatro UNAM significa compartir estas reflexiones en un espacio dedicado al pensamiento crítico y al diálogo con la sociedad, donde el público universitario pueda abrir conversaciones sobre la militarización, la violencia y la responsabilidad ética frente al poder.
Áyax, cuando un soldado dispara se presenta jueves y viernes a las 20:00 horas, sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00, con función suspendida el 18 de junio. Los boletos cuestan 150 pesos, con 50% de descuento para estudiantes, profesorado, exalumnos de la UNAM, personas afiliadas al INAPAM y personas con discapacidad; los Jueves Puma, el acceso general cuesta 30 pesos.