Afecta artritis reumatoide a mujeres jóvenes

Ciudad de México, México, 16 de febrero de 2026 ::: Especialistas alertan sobre el incremento de artritis

reumatoide en mujeres de entre 35 y 50 años. En México, más de 2 millones de personas padecen esta enfermedad, cuya tasa de incidencia es significativamente mayor en el sexo femenino, subrayando la importancia de un diagnóstico temprano para evitar daños articulares permanentes.

 “Esta enfermedad autoimmune, crónica, degenerativa y sistémica causa inflamación, dolor y rigidez en las articulaciones de manos, muñecas y pies, principalmente, aunque también puede afectar otros órganos del cuerpo como la piel, los ojos, los pulmones e incluso el corazón”, indicó Ivón Karina Ruiz López, reumatóloga y profesora adjunta de la asignatura de Reumatología en la Facultad de Medicina de la UNAM.
Este es un padecimiento autoimmune porque el sistema reconoce como extrañas ciertas partes de las articulaciones, a partir de lo cual desata una inflamación crónica.
“Si bien tiene un origen genético, esto no es una condición suficiente para que se desarrolle. Así pues, resulta necesario que un factor ambiental –como el consumo de tabaco, que potencializa hasta 27 veces la posibilidad de que surja, o un proceso infeccioso por virus o bacterias– la desencadene en un individuo genéticamente predispuesto”, comentó.

::: Síntomas
De acuerdo con la universitaria, las manifestaciones generales que suelen referir quienes tienen artritis reumatoide son fatiga, debilidad y sueño.
En relación con los síntomas propiamente dichos, uno de los más frecuentes es lo que en el ámbito médico se conoce como rigidez articular matutina.
“Las personas declaran que al despertar en las mañanas se sienten entumecidas o 'engarrotadas’ de las articulaciones, en especial de las manos, y que sólo cuando pasa un tiempo y entran en calor pueden empezar a moverlas”.
Asimismo, un individuo con este mal experimenta poliartritis (inflamación múltiple de articulaciones) y poliartralgias (dolor en cuatro o más articulaciones).
“La inflamación puede ser muy evidente en articulaciones grandes, como en las rodillas, porque con un derrame de líquido sinovial éstas se ven abultadas, gordas. Pero, en el caso de las articulaciones pequeñas, como en las manos, la inflamación puede no ser tan evidente y manifestarse únicamente mediante dolor, por lo que hay que recurrir a otros diagnósticos para evidenciarla”, señaló Ruiz López.
El líquido sinovial se encuentra en las articulaciones y su función es lubricarlas para reducir la fricción y amortiguar los huesos cuando están en movimiento.

::: Repercusiones
Respecto a las repercusiones de la artritis reumatoide en la calidad de vida de los pacientes, son múltiples y variadas.
La especialista apuntó: “Debido a la inflamación y al dolor en las articulaciones, una mujer, por ejemplo, se verá a veces imposibilitada de levantarse de la cama y caminar, lo que significa que no podrá hacer ninguna labor en casa, ir a trabajar, salir con sus amistades ni mantener una relación familiar o de pareja estable. Al quedar inactiva y aislada es posible que sufra una crisis emocional o psicológica, y bajo estas circunstancias desee aún menos incorporarse a su vida habitual”.

::: Diagnóstico
Por lo común, la artritis reumatoide se diagnostica clínicamente, esto es, con base en los síntomas, el historial médico del paciente y un examen físico.
“Sin embargo, muchos pacientes afirman sentir dolor en las articulaciones, pero no presentan una inflamación evidente a la exploración física. Entonces nos tenemos que valer de análisis de sangre para identificar la proteína C reactiva y la velocidad de sedimentación globular, y de este modo comprobar que sus articulaciones sí están inflamadas”.
Estos dos marcadores de inflamación casi siempre se elevan en la fase aguda de la enfermedad, pero cuando no sucede esto se pueden practicar otros análisis de sangre para identificar el factor reumatoide o los anticuerpos antipéptidos cíclicos citrulinados.
“Estos anticuerpos están presentes en aproximadamente 70 % de la población adulta, pero en el restante 30 % no. Por eso, en ocasiones, los médicos que no son reumatólogos caen en el error al asegurar que, como los análisis de sangre no detectaron ninguno de los dos, no hay artritis. Está bien solicitar estas pruebas, pero si salen negativas, no se descarta la enfermedad”, aclaró Ruiz López.
Otro método de diagnóstico es una radiografía, la cual permite ver algunos cambios en las articulaciones afectadas; no obstante, a veces dichos cambios no aparecen hasta un año después del inicio de la enfermedad. De ahí que tener una radiografía normal tampoco la descarte.
“De todas maneras, un buen reumatólogo sí es capaz de advertir, en una radiografía tomada antes del primer año de la enfermedad, un aumento de tejidos blandos, una disminución de los espacios interarticulares o, a consecuencia del proceso inflamatorio de una articulación, una pérdida de densidad ósea en una zona cercana a ella, y establecer que sí se trata de un caso de artritis reumatoide”, acotó la experta.
Dos estudios mucho más sensibles en etapas tempranas de la enfermedad son el ultrasonido musculoesquelético, gracias al cual se puede descubrir una inflamación articular o un derrame del líquido sinovial, así como la resonancia magnética.
“El ultrasonido musculoesquelético llega a ser extremadamente útil, así como menos invasivo y costoso que otros estudios, siempre y cuando quien lo aplique sea un experto. Y la resonancia magnética no depende de quién la haga, pues con sus cortes muy pequeños de las articulaciones se puede dar un derrame de líquido sinovial, una inflamación de los tejidos blandos o un edema óseo que, por supuesto, también nos remiten a un caso de artritis reumatoide”.

::: Tratamiento
Si un paciente es diagnosticado en una etapa temprana de la enfermedad y a continuación sometido a tratamiento, puede lograr una recuperación de 95 % y tener una calidad de vida muy parecida a la que gozaba antes.
“A muchos pacientes ni siquiera se les nota que están enfermos. Pero, cuando alguno recibe un diagnóstico tardío y, por consiguiente ya tiene una lesión articular irreversible, es muy probable que sufra una discapacidad funcional y deba enfrentar, a mediano o largo plazo, problemas laborales, familiares, económicos, etcétera”, aseveró.
Se dispone de varias opciones de tratamiento contra la artritis reumatoide. Pueden utilizarse antiinflamatorios no esteroideos para combatir la inflamación y disminuir el dolor, o bien, dependiendo de la gravedad de la hinchazón y del número de articulaciones afectadas, esteroides orales como una respuesta antiinflamatoria que resulta muy eficaz.
“Los esteroides orales brindan una inmediata sensación de alivio, ya que no sólo son antiinflamatorios, sino también inmunosupresores; pero, ¡cuidado!, deben administrarse en la dosis correcta y por corto tiempo. Al mismo tiempo hay que recetar fármacos modificadores de la enfermedad, como el metotrexato, la sulfasalazina, la leflunomida y la hidroxicloroquina. Es oportuno decir que 70 % de los pacientes responde bien a ellos y sólo 30 % pasa a otra línea de tratamiento, como la terapia biológica o la administración de fármacos de moléculas pequeñas”.
Por último, la especialista resaltó que no pocas personas que presentan los síntomas de la artritis reumatoide acuden a un ortopedista o a un “huesero” para tratar de aliviarlos.
“Pero no olvidemos que esta enfermedad implica una inflamación crónica de las articulaciones. Por lo tanto, si alguien se siente fatigado, débil y con sueño, y, además, tiene rigidez articular matutina, o sufre un esguince o una torcedura, y no se recupera nada en unas seis semanas, lo más recomendable es que busque la ayuda de un reumatólogo, porque mientras más rápido se haga el diagnóstico y se inicie el tratamiento, la respuesta será mejor”, concluyó.

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