Evalúan riesgos farmacológicos durante el embarazo

España ::: 3 de septiembre de 2026 ::: «La futura madre podrá necesitar durante el embarazo diversos medicamentos para tratar enfermedades preexistentes, que pueden

agravarse, o nuevas patologías imprevistas; y en ambos casos el feto podría estar expuesto a sufrir alteraciones en su desarrollo debido a los fármacos», engloba la Dra. Carmen Sala Salmerón.

«Los datos indican que hasta un 80 % de las mujeres tendrán que tomar medicamentos durante la gestación y que hasta un 2 % de los bebés recién nacidos presentarán anomalías a causa de la semana en la que fueron administrados los fármacos, las dosis empleadas y sus compuestos químicos», destaca la experta en calidad de vida femenina de la Clínica Gine-3 de Barcelona.
Las sustancias farmacológicas atraviesan la barrera placentaria a través del torrente sanguíneo y pueden interferir en la multiplicación celular del feto provocando defectos de nacimiento graves, anomalías estructurales en sus órganos y también la muerte.
Además, el feto puede recibir un impacto indirecto cuando se modifican las constantes vitales maternas, por ejemplo, al reducir la embarazada con terapia su hipertensión, lo que disminuirá, a la vez, el flujo de sangre y oxígeno que recibe el bebé.
También, los medicamentos podrán dañar o alterar las funciones de la placenta, complicando o impidiendo que los nutrientes esenciales se filtren adecuadamente hacia el feto; y pueden ocasionar contracciones enérgicas de los músculos uterinos, llegando incluso al parto prematuro.

::: Vigilancia y prevención de los efectos secundarios de los medicamentos durante el embarazo

«Según la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA), referente en seguridad materno-fetal durante el embarazo y la lactancia, los riesgos de efectos secundarios se pueden clasificar en categorías que agrupan los estudios realizados con dichos fármacos sobre mujeres embarazadas, personas en general o animales», expone.
Para la Dra. Sala, las tradicionales categorías A, B, C, D y X son más útiles que la norma PLLR implementada por la FDA en el año 2015.
Así, en la categoría A se incluyen los medicamentos sin riesgo demostrado en mujeres (no muestran riesgos para el feto en ningún trimestre) como el ácido fólico y la vitamina B6; en la categoría B, aquellos sin evidencia de riesgo en humanos (en animales no se aprecia riesgo y si se apreciara no se replica en personas) como la amoxicilin o el paracetamol
En la categoría C el riesgo no está descartado: los medicamentos se emplean si el beneficio para la madre supera el riesgo para el feto, como el albuterol, tramadol y fluoxetina. A la categoría D se incorporan los que registran riesgo positivo para el feto; aún así, el beneficio terapéutico (casos de alrpazolam e ibuprofeno, sobre todo en el tercer trimestre de gestación) sería aceptable en una situación de emergencia.
Finalmente, en la categoría X se listan los medicamentos contraindicados por completo: el riesgo supera cualquier beneficio, ya que provocan anomalías fetales confirmadas, como la isotretinoína y la talidomida.
Una de las alertas más importantes de la FDA se centra en los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos ingeridos a partir de la semana veinte del embarazo (ibuprofeno, naproxeno o diclofenaco), puesto que podrían provocar disfunción renal en el feto o reducción grave del líquido amniótico placentario.
«¡Mujeres, podéis tomar sin miedo, y sin necesidad de llamar por teléfono a vuestr@s ginecólog@s!: hierro, ácido fólico, paracetamol, ampicilina (antibiótico), yodo como suplemento nutricional, no como antiséptico tópico, insulina y ciertos antiácidos, como carbonato de calcio, magnesio y almagato», apunta a vuelapluma la ginecóloga.
En cambio, debemos tener sumo cuidados con los medicamentos teratogénicos (detonantes de anomalías congénitas y defectos en el embrión y el feto) aún más si cabe en las semanas tres y cuatro de gestación, cuando todavía no está confirmado al 100 % el embarazo:
«Las tetraciclinas; el litio, muy usado en depresiones graves; enalapril y captopril para la hipertensión y otros problemas cardiovasculares; ácido valproico recetado a las mujeres epilépticas; misoprostol, talidomida, incluso con una sola dosis en las primeras semanas del embarazo; y sobre todo las hormonas de alto riesgo, como los andrógenos», subraya.
«Los fármacos teratógenos son especialmente dañinos durante las primeras ocho semanas de gestación, la etapa más crítica del desarrollo prenatal: es muy probable que surja el aborto espontáneo durante ese primer mes y, si avanza el embarazo, aparecerán las malformaciones más severas en las semanas cinco y seis», recalca la Dra. Carmen Sala.
«Por tanto -comenta- si estás embarazada no es necesario que te estreses si tienes fiebre o dolor de cabeza a las tres de la mañana al dudar sobre qué tomar para reducir las molestias: sí a un paracetamol y no a un ibuprofeno, un metamizol (nolotil o dipirona) y una aspirina (el ácido acetilsalicílico, en este caso, no se recomienda como analgésico, aunque se recete para la prevención de riesgos de tromboembolismos en mujeres encinta)».
Para las náuseas y los vómitos están los socorridos medicamentos cariban y primperan, «aunque cada vez observo menos casos en las mujeres embarazadas, no como antaño», añade.
Metildopa será uno de los fármacos apropiados para las mujeres que llegan al embarazo con hipertensión arterial, así como la insulina en las diabéticas, ya sean tipo 1, 2 y gestacionales.
Frente a las dispepsias (dolor, ardor o hinchazón en la parte alta del abdomen, saciedad precoz y digestiones muy pesadas) se puede tomar omeprazol, incluso en el primer trimestre del embarazo, almagato, alginato de sodio y famotidina. Nunca ranitidina, bicarbonato de sodio y antiácidos con exceso de calcio o aluminio.
Ante la angustia, la ansiedad o la depresión durante el embarazo os podrán recetar sertralina, paroxetina y fluoXetina, según el caso y la intensidad.
Si el problema fuera una infección de orina, que afecta a un 5-10 % de mujeres gestantes, siempre están ahí los antibióticos de diversas penicilinas, ampicilinas y macrólidos, dependiendo de cada mujer, como es lógico.
«En cualquier caso, por vuestra seguridad y la del bebé, es imprescindible iniciar, modificar o suspender el tratamiento médico durante el embarazo tras la consulta y aprobación de vuestro médico de cabecera o especialista, sin duda alguna», certifica la ginecóloga Carmen Sala.
Y para finalizar su alerta informativa, la Dra. Sala, siempre dispuesta a ir más alto y más lejos ayudando a las mujeres, nos deja un servicio web gratuito donde prevenir y mantener a raya los posibles efectos teratogénicos de los medicamentos durante el embarazo: SITTE (Servicio de Información Telefónica sobre Teratógenos Español).

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