Madrid, España ::: 5 de noviembre de 2026 ::: Sociedades médicas españolas advirtieron que el cáncer de tiroides mantiene un comportamiento silente y
asintomático en sus etapas iniciales con un impacto epidemiológico de hasta cuatro veces mayor en la población femenina, situación que los investigadores vinculan a factores biológicos y variaciones hormonales reproductivas, demandando revisiones ecográficas preventivas periódicas.
El cáncer de tiroides es el tumor endocrino maligno más común y su incidencia ha aumentado fundamentalmente porque las pruebas de imagen para detectarlo han mejorado. La mortalidad se mantiene estable.
::: Un tumor silente
Desde el área de Tiroides de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), Juan Carlos Galofré explica a EFE Salud que, en general, el cáncer de tiroides es asintomático, de hecho, en muchos casos se descubre de forma casual durante una ecografía o una exploración médica.
«Cuando se manifiesta, el signo más habitual es la aparición de un nódulo o bulto en el cuello. Raramente puede producir síntomas locales, como ronquera, dificultad para tragar, molestias cervicales o inflamación de los ganglios linfáticos del cuello», afirma Galofré, quien añade que no se detecta mediante análisis de sangre porque la función tiroidea es «prácticamente siempre normal».
Aunque es un tumor silencioso, hay que prestar especial atención si aparece un bulto cervical que crece rápidamente, o si los ganglios en el cuello aumentan de tamaño. También si hay cambios persistentes en la voz, dificultad para tragar o problemas respiratorios.
«No son síntomas exclusivos del cáncer, pero justifican una valoración médica, especialmente si persisten o progresan», aclara el experto de la SEEN.
::: ¿Por qué afecta más a las mujeres?
Tres cuartas partes de los diagnósticos son en mujeres.
«La diferencia está bien documentada, pero su causa no se conoce por completo. Se investigan factores hormonales, especialmente la influencia de los estrógenos, así como diferencias biológicas y reproductivas», subraya Galofré quien aclara que no hay «una explicación única ni definitiva».
::: La vigilancia activa
Los tumores de tiroides pueden estar sin dar problemas, de hecho, explica el experto, algunas series de autopsias han encontrado este tipo de tumores hasta en un 20 % de las personas fallecidas por causas distintas a la tiroides, «lo que demuestra que pueden permanecer silentes toda la vida».
Por eso es un tumor en el que la vigilancia activa está muy presente y se fundamenta, precisamente, en el «comportamiento generalmente indolente de muchos tumores de menos de un centímetro.
«Esta evidencia respalda la posibilidad de no intervenir inicialmente y optar por una vigilancia activa. En pacientes bien seleccionados, la vigilancia activa está respaldada por las más recientes guías internacionales», insiste Galofré.
La vigilancia activa se plantea, sobre todo, en tumores papilares infracentimétricos, que se localizan solo en la tiroides, sin afectación ganglionar ni signos de invasión.
En este sentido, el experto de la SEEN asegura que las guías internacionales contemplan esta estrategia como «una alternativa segura» en pacientes adecuadamente seleccionados, porque el objetivo es evitar intervenciones innecesarias en tumores de crecimiento muy lento o nulo.
::: Cuando la cirugía entra en escena
Si durante el seguimiento del tumor hay «cambios relevantes» entonces sí se reconsidera la cirugía.
Se contempla cuanto el tumor crece más de tres milímetros, invade estructuras próximas o afecta a los ganglios linfáticos.
No obstante, la decisión, apunta el experto de la SEEN, debe individualizarse y tener en cuenta el riesgo de progresión y la edad.
«En los cánceres de tiroides operados en muchos casos no hace falta más tratamientos. No obstante, en la toma de la decisión sobre las terapias posteriores depende del tipo histológico del cáncer, su extensión, el riesgo de recaída y la cirugía realizada», expone.
Algunos pacientes solo necesitan seguimiento, otros requieren tratamiento con yodo radioactivo para «destruir posibles restos de tejido tiroideo o células tumorales».
Y cuando se extirpa toda la glándula, es necesario tomar hormona tiroidea de por vida.
::: Las consecuencias
La cirugía por cáncer de tiroides puede tener consecuencias que afectan para siempre, pero no para todos los pacientes.
Si se extirpa toda la tiroides, es imprescindible tomar levotiroxina todos los días durante toda la vida para sustituir las hormonas que el organismo deja de producir.
Por eso, y siempre que las caracerísticas del tumor lo permitan, cada vez se recurre más a la hemitiroidectomía, es decir, a extirpar únicamente uno de los dos lóbulos de la glándula.
Y durante la cirugía, además, hay riesgos, como la lesión de los nervios que controlan las cuerdas vocales o de las glándulas paratiroides, que regulan el calcio.
«Estas complicaciones pueden provocar alteraciones de la voz o hipocalcemia permanente, aunque son poco frecuentes cuando la intervención la realiza un equipo especializado», incide.
::: Todas las opciones terapéuticas
Con todo ello, el cáncer tiroides combina varias opciones terapéuticas en función del tipo y la extensión del tumor, que resume el experto de la SEEN.
• Cirugía: extirpación parcial (lobectomía) o total de la tiroides y, cuando es necesario, de los ganglios afectados.
• Yodo radiactivo: permite destruir restos de tejido tiroideo o células tumorales sensibles a este tratamiento.
• Tratamiento hormonal: levotiroxina para sustituir las hormonas tiroideas y, en determinados pacientes, mantener controlados los niveles de TSH.
• Terapias dirigidas: medicamentos sistémicos que actúan sobre alteraciones moleculares específicas, principalmente en enfermedad avanzada o metastásica.
• Ensayos clínicos: en casos seleccionados, especialmente cuando la enfermedad progresa o no responde a los tratamientos disponibles, se puede valorar la inclusión del paciente en ensayos clínicos.
Para otros tipos de cáncer de tiroides, como el medular y el anaplásico, existen estrategias terapéuticas diferentes y, en ocasiones, más complejas.