La Reforma Electoral de MORENA; disolución del pluralismo

En los albores del 2026, México vuelve a enfrentarse a una definición profunda de su identidad democrática.

No es una controversia menor sobre tecnicismos constitucionales ni una disputa entre facciones por cuotas de poder: lo que está en juego es la misma posibilidad de alternancia política, de competencia plural, de instituciones independientes que garanticen elecciones libres, equitativas y eficaces. Si entendemos la política como el arte de permitir que múltiples voluntades, ideas e intereses se expresen y se enfrenten —no como mero soliloquio de una mayoría dominante— entonces la reforma electoral que Morena impulsa con determinación es, en el fondo, el intento más serio en décadas por reconfigurar el Estado mexicano hacia un modelo donde la hegemonía sea política y no democrática, l.a muerte de la Democracia en terminos llanos

El proyecto de la temida reforma, para el cual la presidenta Claudia Sheinbaum ha empezado a jalar los hilos de los coordinadores legislativos de su partido, contempla reducir el presupuesto del Instituto Nacional Electoral (INE), limitar el financiamiento público de los partidos políticos, modificar o suprimir los diputados de representación proporcional (los llamados plurinominales), y reconfigurar los órganos locales que administran las elecciones. Estos son los ejes centrales que han trascendido incluso antes de que la iniciativa fuera formalmente entregada al Congreso. 

En términos técnicos, los promotores hablan de eficiencia, de austeridad, de modernización de un sistema que, aseguran, es oneroso y excesivamente complejo. En términos políticos, en cambio, lo que se está cocinando es un modelo en el que la competencia real entre opciones políticas se vuelve casi imposible, y donde los requisitos y condiciones institucionales que han permitido al INE después de años de ajustes y luchas políticas, ser un árbitro con credibilidad y al ecosistema de partidos el ser plural, esas condiciones por las que tanto se lucho en los noventas y que lograron la alternancia en el poder, hoy están recibiendo un ataque mortal.

¿Una reforma o una transformación del equilibrio de poderes?

No es casualidad que esta reforma se plantee cuando Morena detenta una mayoría contundente en el Congreso y gobierna en buena parte del país. Las reformas que se impulsan en cada era histórica no son actos aislados de legislación: son gestos simbólicos que definen correlaciones de poder. Cuando un actor político busca disminuir la autonomía de un árbitro electoral —reduciendo sus recursos, su independencia o su capacidad de supervisión— lo que hace es, explícitamente, disminuir la posibilidad de que otros actores puedan competir en igualdad de condiciones y poder impunamente lanzar toda la fuerza del estado a favor de sus propios candidatos. 

Durante mucho tiempo, los partidos políticos que gobernaron México (PRI y PAN) construyeron instituciones que generaron contrapesos e institucionalizaron la alternancia: transformaron la democracia de un sistema de partido hegemónico en aras del progreso del país, a un sistema en el que cualquiera podía ganar. Eso fue central en las reformas y luchas de finales del siglo XX. Hoy, la concentración de poder de una sola fuerza política está poniendo ese diseño en jaque. Como han advertido analistas y opositores, no se trata solo de ajustar porcentajes de financiamiento o tasas de representación; se trata de alterar el sistema donde la diversidad política se reproduce, ganar aún más control y perpetuarese en el poder.

El descaro ha sido tal, que ya cualquier reforma se discute en “Fast track” con prisa, sin oficio político, sin un debate amplio, profundo, sin consensos que excedan a una sola fuerza política,

Desde el lenguaje oficial se pregona que “el pueblo mandó”, que las mil y una reformas que han implementado en el año y medio que llevan de lograr la mayoría (sea esta mañosa o no) responden a la voluntad popular, aunque todos nos preguntamos ¿quien le pregunta al pueblo?, cuando sus representantes en el Congreso nisiquiera se toman el tiempo para leer las iniciativas y aprueban en cascada los cada vez mas grandes desatinos de la cuadrilla de ladrones que nos gobiernan.

Proclaman que la austeridad fortalece la voz ciudadana, -la austeridad de todos menos de ellos por supuesto-, por que los Morenistas han resultado con mas hambre de ser fifís  (como llamaba López a la gente acomodada) que todos a los que con saña criticaban. Sin duda el aparato democratico del país no era ideal, pero el desastre que proponen hoy, deja al instituto electoral inoperante, sin personal capacitado, sin presupuesto sin organos de rendición de cuentas y al país listo para ellos seguir descaradamente haciendo elecciones a modo, sin legitimidad y arregladas… con acordeones, e incluso financiadas por los narcos.

Operar una elección con instituciones fortalecidas siempre fué costoso, pero indispensable— ya que las instituciones autónomas no son un lujo, sino la garantía misma de que los intereses del poder no resulten en eliminación de la oposición.

La polarización que ya vive la sociedad mexicana no se mitiga con menos partidos ni con menos recursos para la competencia; se profundiza cuando las reglas se alteran para concentrar las ventajas en un solo actor. A la par, se debilita la percepción de imparcialidad de quienes deberían ser custodios neutrales de la democracia: los árbitros electorales que, con todas sus limitaciones, han sido pieza esencial de la transición democrática de México desde 2000 y que finalmente fueron los garantes del voto popular que llevo a Andres Manuel López Obrador y su movimiento a la presidencia.

Hoy quiero hacer un llamado a la ciudadanía, a los actores políticos y a las instituciones: reconozcan que las reglas del juego no pueden ser reescritas para favorecer a quien detenta el poder hoy, porque la democracia no es propiedad de un partido, ni de una mayoría temporal, sino el escenario donde  todos los ciudadanos tienen la posibilidad real de ser gobierno y de que se respeten sus derechos y su voluntad.

La reforma que se vislumbra no es un mero ajuste de pesos y balance de curules; es, una puerta hacia la hegemonía política disfrazada de modernización democrática.

Alejandra Del Río

@alejandra05 @aledelrio1111

Presidenta de PR Lab México, Catarte y Art Now México, ha escrito columnas sobre política, arte y sociales en muchos de los medios más reconocidos del país, particularmente en el Heraldo de México, El Punto Crítico y en el Digitallpost. Ha participado en numerosos proyectos de radio a lo largo de 20 años, hoy además dirige el podcast Fifty and Fabulous en Spotify.