La reforma que nació muerta.

La política tiene momentos simbólicos que marcan un antes y un después. El fracaso de la reforma electoral

impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum en la Cámara de Diputados es uno de ellos. No solo por la derrota legislativa en sí, sino porque exhibe una realidad que el oficialismo había tratado de ocultar durante meses: la coalición gobernante ya no es un bloque monolítico.

 La reforma electoral enviada por el Ejecutivo pretendía modificar 11 artículos constitucionales, reducir el financiamiento público a los partidos, eliminar espacios de representación proporcional y recortar el número de senadores de 128 a 96. Para aprobar una reforma constitucional se requería mayoría calificada, es decir, al menos 334 votos en la Cámara de Diputados.
Pero la realidad parlamentaria terminó siendo otra, el resultado fue contundente: 259 votos a favor, 234 en contra y una abstención, muy lejos del umbral necesario para modificar la Constitución.
En otras palabras, la iniciativa presidencial fue derrotada, curándose en salud la Presidenta de la República ha repetido diario desde la semana pasada que esto no es una derrota, sería bueno que revisara la definición del diccionario de la Real Academia de la Lengua… “Derrota: serie de aontecimientos que llevan a un resultado adverso”. Según ella solo tenía el compromiso con -El Pueblo de México- de presentarla, y ya que cada quien vote como le de la gana, extraña lógica a proponer cuando desde la campaña prometió que llevaría a cabo cambios en la ley (no que solo los propondría), entendemos la negación absurda a perder cara, a enfrentar la derrota, pero todos los días Claudia Sheinbaum se presenta mas como una mujer perdida en el discurso, ajena a la realidad y perdiendo espacios de diálogo y acción de forma desconmesurada.
Los números del fracaso fueron claros: Los votos a favor provinieron principalmente de Morena, que defendió la iniciativa como parte de un proyecto de “austeridad electoral” y de reconfiguración del sistema político. Pero sin importar como la quisieron vender, todos la vimos como un intento mas de lograr un partido hegemónico. Sin embargo, la sorpresa vino desde dentro del propio bloque gobernante.
Los diputados del Partido del Trabajo (PT) en su totalidad y de la mayoría de los del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) —históricos aliados electorales de Morena— votaron en contra del proyecto junto con la oposición integrada por PAN, PRI y Movimiento Ciudadano.
La votación dejó al descubierto lo que muchos ya sospechaban: la llamada alianza de la “Cuarta Transformación” no es tan sólida como se presumía.
Más aún, evidenció que Morena, incluso con su tamaño parlamentario, no tiene por sí sola los votos suficientes para reformar la Constitución. Bien lo dijo Ricardo Monreal Coordinador de los Diputados de Morena –“el no es mago”- y no iba a lograr el suicidio de los partidos aliados.
La oposición desde el inicio rechazó la iniciativa al considerarla un intento de concentrar poder político, “Alito” Moreno líder del PRI fué categórico en el absoluto rechazo de su partido a la iniciativa y en el llamamiento a los partidos del bloque 4T a no permitir un golpe mortal a la Democracia— la sorpresa vino de los propios aliados de Morena, que de facto operaron una ruptura parcial dentro del oficialismo.
El PT y el PVEM tenían objeciones importantes: Primero que nada por el recorte del financiamiento, pero también por los cambios en la representación proporcional, que para partidos medianos o pequeños, equivale a empeñar su propia supervivencia política.
Así que hicieron lo que dicta la lógica del poder: defendieron su existencia antes que la disciplina de la coalición.
Tras la votación, del día de hoy, el coordinador de Morena en San Lázaro, Ricardo Monreal, anunció que el partido comenzará a trabajar en un “Plan B” legislativo para intentar rescatar algunos puntos de la reforma.
Pero el daño político ya está hecho.
Porque esta derrota tiene tres lecturas profundas:
No solo el haber sido la primera gran derrota legislativa de Sheinbaum, también la erosión del control de Morena sobre sus aliados; PT y Verde demostraron que no están dispuestos a votar reformas que afecten sus intereses y esto marca el fin del mito de la mayoría automática.
La narrativa de que Morena podía cambiar la Constitución sin obstáculos acaba de sufrir un golpe severo.
Este episodio también envía una señal clara hacia el futuro político del país.
Las elecciones intermedias de 2027 ya se perfilan en el horizonte, y los partidos aliados comienzan a marcar distancia para preservar su identidad y su margen de negociación, en nada ayudó que hace unos días se llevara a cabo el Consejo Político de Morena y que no tomaran en cuenta a sus aliados en las encuestas para buscar candidatos, grave mensaje de “No están invitados a la fiesta”, aún cuando hay puestos clave que de ya se sabe que estarán buscando candidatos a gubernaturas del verde y suspirantes del PT, que posiblemente se queden con las ganas por la rápida repartición de “coordinaciones estatales morenistas” o como dicen en mi rancho -precandidatos ya ungidos-.
En política, las coaliciones funcionan mientras convienen. Cuando el poder se reconfigura, las alianzas también.Y eso es exactamente lo que acabamos de presenciar.
La reforma electoral de Sheinbaum no solo fracasó en el tablero legislativo.
También dejó al descubierto que el bloque político que llevó a Morena al poder empieza a mostrar fisuras profundas.
Porque a veces una votación parlamentaria no es solo una derrota.
Es el anuncio silencioso de que una coalición comienza a desmoronarse.