México 2026: el Mundial que pone a prueba al Estado

México está a meses de enfrentar una de las vitrinas más grandes del planeta: el Mundial de 2026. No es sólo futbol.

Es reputación, inversión, turismo y, sobre todo, capacidad de Estado.

 Pero detrás del entusiasmo oficial, emerge una realidad incómoda: el país llega al evento con problemas estructurales no resueltos que amenazan con convertir la experiencia del visitante en una carrera de obstáculos.
La primera impresión: el caos en los aeropuertos: El Mundial empieza en el aeropuerto. Y hoy, ese primer contacto es profundamente disfuncional. Sin tomar en cuenta que las remodelaciones del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México van atrasadísimas y que hay aún un caos para transitar en medio de las obras, horas de espera para que lleguen las maletas, pensemos por un momento que nos hacen el milagrito y que las obras se concluyen (Me permito seguir dudándolo, pero espero que me sorprendan)
Supongamos entonces que el turísta logra salir en menos de 2 horas del aeropuerto y este buscando como irse a su hotel, aquí comienza el via crucis, fuera ya de semana santa, por que la disputa entre taxistas y plataformas digitales no sólo no está resuelta, sino que ha escalado. En el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, los bloqueos han paralizado terminales completas durante horas, dejando a turistas caminando con maletas mas de un kilómetro para poder salir.
Las restricciones actuales obligan a los usuarios a salir del perímetro aeroportuario para poder solicitar un Uber un Didi ó lo que sea, arriesgando a los extranjeros a caminar con maletas, por zonas altamente peligrosas de la ciudad o a pagar tarifas exhorbitantes por el transporte “oficial” para el que puedes llegar a hacer cola de hasta 2 horas, en un puente normal de la ciudad, ahora multipiquenlo por 5 en tráfico aéreo de un mundial.
En Guadalajara y Monterrey, el escenario es igual de caótico: operativos, autos detenidos, servicios informales y confusión generalizada para los viajeros.
El mensaje es devastador: ni siquiera el traslado básico está garantizado.
Otra cosa que preocupa sobre manera a todos los capitalinos menos a la Jefa de Palacio, es la Movilidad en las 3 ciudades que francamente sabemos que están al borde del colapso.
Las tres sedes —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey— comparten un problema crítico: movilidad saturada.
El tráfico es descrito como “ingobernable” a semanas del evento, mientras se espera la llegada de millones de visitantes y si piensan en aventarnos alguna contingencia ambiental, o sugerir que trabajemos desde casa esos días, les va a solucionar el problema, vayanse enterando que a un mexicano no lo detienen para ir a ver un partido a casa de un amigo o a un restaurante, aunque su carro no circule, se agarra un taxi, se va en el metro, se trepa a un metrobús, pero el partido es lo primero, pensar que nos vamos a quedar bien portaditos en nuestras casas, sin alterarles el tránsito los que no tenemos boletos para el estadio, es una utopía… sin dedicatoria a Doña Clara.
A esto se suman amenazas recurrentes de bloqueos por parte de sindicatos transportistas, protestas gremiales y cierres inesperados de vialidades. No es un riesgo hipotético: es una amenaza real, ya cantada a la Presidenta por la SNTE que dice que el único balón que rodará en el mundial es el suyo, sino se atiende puntualmente a sus reclamos, ya ha ocurrido recientemente, no nos pueden decir que no es un riesgo.
En términos reales, esto significa que un turista podría no llegar a tiempo a un partido… o no poder salir del estadio, ya sin pensar que alguien que tenga boletos para múltiples sedes va a tener que movilizarse dentro del país con riesgos incluso de encontrar carreteras cerradas o que los accesos a los aeropuertos esten bloqueados,
Con boletos que oscilan entre los $40,000 y los mas de $100,000 pesos por persona, resultaría verdaderamente una pesadilla que algo así sucediera tanto para extranjeros como para nacionales.
Pero aún no hablamos del elefante en la habitación, el riesgo de Seguridad.
México no ha logrado resolver su problema de seguridad. La violencia vinculada al crimen organizado sigue siendo estructural, persistente y costosa.
En transporte público, los usuarios reportan robos, asaltos y acoso como experiencias frecuentes.
A esto se suma la existencia de taxis irregulares —los llamados “piratas”— que operan sin controles ni verificaciones, representando un riesgo adicional para visitantes extranjeros.
Sumenle a ello que las mafias están desatadas y que pueden levantar a un turista en un secuestro express sin ningun problema y vaciarle sus cuentas como nos han hecho a miles de capitalinos, o que como a mí, les lleguen a la ventana del auto con una pistola en la mano para robarles sus pertenencias, la realidad es que todos y cada uno de los que vivimos en la ciudad de México, hemos experimentado en nuestras propias familias un acto de violencia, no necesitamos ni elaborar, por que todos sabemos el riesgo en el que vivimos.
Para un turista que paga miles de dólares por asistir a un Mundial, la percepción de inseguridad no es un detalle: es un factor decisivo.
Nos falta hablar del Agua, la infraestructura y los servicios: lo que yo llamo la fragilidad silenciosa, un riesgo menos visible, pero igual de crítico: la infraestructura.
Guadalajara enfrenta problemas de abastecimiento de agua que podrían impactar directamente a hoteles y servicios turísticos.
La Ciudad de México vive bajo presión hídrica constante. Monterrey ya ha experimentado crisis severas en años recientes.
Un Mundial no sólo demanda estadios; demanda servicios básicos funcionando al límite… y hoy no hay garantía de ello.
En cuanto a carreteras y conectividad, todos los mexicanos sabemos lo que es vivir en un país interrumpido, México ha normalizado algo que para un visitante internacional es inadmisible: el cierre frecuente de carreteras por protestas, conflictos sociales o inseguridad.
Esto rompe la lógica básica del turismo internacional: movilidad predecible.
En un evento global, cada bloqueo es una noticia internacional.
Así las cosas resulta que el riesgo reputacional es más grave que el logístico, México espera recibir millones de visitantes. Pero eso conlleva el escrutinio de medios internacionales, inversionistas y organismos globales.
Un turista que: camina un kilómetro para tomar un transporte que le da confianza y al que está acostumbrado en todo el mundo, que queda atrapado en un bloqueo, que se ve obligado a pagar tarifas abusivas, percibe inseguridad, o es víctima de un delito, no sólo vive una mala experiencia: la amplifica y en la era digital, cada mala experiencia es viral.
El Mundial 2026 no será un evento deportivo para México. Será una auditoría internacional en tiempo real.
Y en ese mes donde miles de reporteros extranjeros estarán circulando por nuestras calles, donde querrán reseñar la gastronomía, moverse por la ciudad, ver exposiciones, visitar sitios arqueológicos… turistear como se hace en cualquier viaje internacional, no habrá forma de seguir tapando el sol con un dedo, ni de detener publicaciones de redes sociales, ni de decir que todo es una campaña de desprestigio de sus opositores mexicanos, ni de utilizar a los reporteros chayoteros de la 4T; cualquier turista común y corriente con un telefono en la mano, que sufra abusos o violencia, se convierte en la peor de las pesadillas para un gobierno que no sabe enfrentar críticas, no tiene capacidad de respuesta y ha estado repartiendo abrazos a los delincuentes por 7 años.
Lo que hoy parece un problema local —taxistas vs Uber, bloqueos, falta de agua, inseguridad— es, en realidad, una señal de algo más profundo:
la incapacidad de coordinar Estado, ley e infraestructura en un momento crítico.
México no necesita más discursos triunfalistas.
Necesita resolver lo básico.
Porque en el escenario global, no gana quien organiza el evento…
gana quien demuestra que puede gobernarlo.