Lo ocurrido en uno de nuestros centros arqueológicos más importantes, no puede tratarse como una nota roja más.
Es una señal de alarma nacional. Un hombre armado amagó a turistas de diferentes nacionalidades, contratando a tres personas, entre ellos dos niños y lamentablemente asesinó a una ciudadana canadiense, en uno de los símbolos más poderosos de la identidad mexicana, en las pirámides de Teotihuacán.
No se trata solamente de un crimen atroz. Se trata de la colisión entre el discurso oficial de promoción turística y la realidad operativa de los espacios públicos mexicanos. Si en uno de los sitios arqueológicos más importantes del planeta puede ocurrir una tragedia de esta magnitud, el mensaje hacia el mundo es devastador: ni siquiera nuestros destinos emblemáticos están ciegos.
Pero sería un error culpar únicamente al agresor. El verdadero problema es estructural.
El Sindicato Nacional de Restauradores del INAH lo expresó con crudeza en su reciente comunicado: “ lo ocurrido no es un hecho aislado, sino consecuencia de años de desatención presupuestal al sector cultura” . Denuncian menos plazas de custodia, falta de insumos, deterioro en accesos, menor mantenimiento y operación cotidiana sostenida con menos personal.
Los números acompañan esa denuncia. Para 2025, la Secretaría de Cultura federal recibió un presupuesto aproximado de 15,081 millones de pesos, por debajo de los 16,754 millones aprobados en 2024, una reducción cercana a 1,673 millones de pesos, equivalente a casi 10% nominal. Diversos análisis también reportaron ajustes específicos al INAH dentro de la reconfiguración presupuestal federal.
Es decir: México pretende presumir su patrimonio mientras reduce los recursos para conservarlo.
Y aquí aparece la dimensión estratégica del problema.
México será una de las sedes del Mundial de fútbol en menos de 2 meses. Millones de visitantes no vendrán únicamente a ver partidos en Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey. Buscarán experiencias culturales: museos, zonas arqueológicas, gastronomía, centros históricos y pueblos mágicos. Teotihuacán será una escala natural para kilómetros de turistas internacionales.
La pregunta es inevitable: ¿estamos listos para esa presión extraordinaria?
Hoy la respuesta parece negativa. No basta con campañas promocionales ni anuncios optimistas. Se requiere seguridad profesional, inteligencia preventiva, protocolos multilingües de atención, mantenimiento constante, transporte eficiente, personal suficiente y coordinación real entre turismo, cultura y seguridad pública.
Si con la afluencia ordinaria ya se presentan episodios de violencia letal, ¿qué ocurrirá cuando la demanda se multiplique?
México posee una riqueza cultural inmensa, pero la riqueza sin protección se vuelve fragilidad. El patrimonio sin presupuesto se convierte en riesgo. El turismo sin seguridad termina siendo un riesgo nacional, por que nos estamos comprometiendo a nivel inernacional a blindar aeropuertos, estadios y sitios turísticos y justo en el periodo de preparación previa ya están sucediendo no pequeños accidentes, sino incidentes fatales, que ya comenzaron a cobrar vidas.
A consecuencia de esto, de los violentos acontecimientos que se dasataron con la muerte del “Mencho” particularmente en Jalisco una de las sedes mundialistas y en Puerto Vallarta, principal polo turístico de este estado, de los ya casi 600 días de guerra en Sinaloa entre carteles, se suma un factor internacional que el gobierno no puede minimizar: en los últimos meses diversas naciones han mantenido o actualizado alertas de viaje sobre México.
Estados Unidos conserva advertencias por entidad federativa y recomienda “extremar precauciones” en el Estado de México, donde se ubica Teotihuacán, citando crimen y secuestro, en Jalisco y Sinaloa por citar solo algunos de los estados en los que han detectado altos riesgos para sus ciudadanos, Canadá, por su parte, mantiene una recomendación general de alto grado de cautela para viajar al país y advierte que incluso las zonas turísticas no están exentas de hechos violentos.
Tras el ataque en Teotihuacán, la Embajada de Estados Unidos emitió además una alerta específica sobre el tiroteo. Cuando las principales naciones emisoras de turistas advierten a sus ciudadanos sobre riesgos en México, el impacto no es sólo diplomático: se traduce en reservas canceladas, percepción negativa y pérdida de competitividad turística.
Lo sucedido en Teotihuacán debe encender todas las alertas institucionales. Porque si no se corrige el rumbo, el Mundial no será la fiesta futbolera que se espera, puede salirse de control y dejar al descubierto un sistema fallido sin protocolos ni preparación real para ser anfitrion de un evento como este.
Exhibirá también las carencias de un país que presume su grandeza histórica mientras reduce cada año los recursos para cuidarla a sus instituciones de cultura.
La advertencia final es clara: México en este momento no está preparado para enfrentar un aumento masivo de demanda turística, los aeropuertos están rebasados, igual que las vialidades de las ciudades, los espacios públicos están urgidos de presupuesto para restauración y seguridad y las atracciones turísticas, en el abandono en el que están actualmente, pueden como se demuestra en Teotihuacán convertirse en un gigantesco riesgo.
Alejandra Del Río
@alejandra05 @aledelrio1111
Presidenta de PR Lab México, Catarte y Art Now México, ha escrito columnas sobre política, arte y sociales en muchos de los medios más reconocidos del país, particularmente en el Heraldo de México, El Punto Crítico y en el Digitallpost. Ha participado en numerosos proyectos de radio a lo largo de 20 años, hoy además dirige el podcast Fifty and Fabulous en Spotify.