Si me ves, llora…

MIS ESTIMADOS LECTORES:

"Miles de personas han sobrevivido sin amor, ninguna sin agua": Hi Auden

Los historiadores y arqueólogos deben estar de plácemes en Europa. El río Danubio, que atraviesa toda Europa, tiene un nivel tan bajo de agua que ha dejado al descubierto restos de barcos nazis hundidos durante la II Guerra Mundial.  En el río Tíber, de Roma, ahora es posible ver ruinas de un puente construido por Nerón, en el siglo I de nuestra era.

En el río Elba los hallazgos son tan interesantes como siniestros. Se trata de piedras colocadas en el lecho del río, cuando éste prácticamente se secó en el siglo XV. A manera casi de lápida, una de las piedras fue grabada con el siguiente mensaje:

 “Si me ves, llora.”

Pues sí, hoy en día es para llorar la escasez de lluvia que azota al Viejo Continente debido al cambio climático. No solo es que los ríos ya no sean transitables para efectos comerciales y turísticos; también es la afectación a las cosechas, las olas de calor, los incendios forestales, etc., etc.

La escasez de agua es tan grave en el mundo que, en 2017, el Foro Económico Mundial ubicó esta crisis como el tercer riesgo de mayor impacto para todo el mundo. Los cambios para revertir el drama son lentos y no todos los países cumplen con sus compromisos para enfrentar el cambio climático.

En México, la amenaza anda por las mismas. La mitad del país sufre una severa sequía en este 2022, según la Comisión Nacional del Agua, afectando notoriamente a Nuevo León. Según CONAGUA, apenas 58 por ciento de la población recibe a diario agua, aunque no todo el día; el resto, 54 millones de mexicanos, sufren por el vital líquido.

Dentro del Programa Nacional Hídrico 2022-2024 hay un objetivo que nos atañe a todos y es “preservar la integralidad del ciclo del agua a fin de garantizar los servicios.” En castellano, esto quiere decir que ciudadanos y autoridades locales tenemos que hacernos cargo de todo aquello que inhibe la lluvia, impidiendo la recarga de los acuíferos y llevando a la sobreexplotación de las cuencas y los pozos.

¿Qué puede hacer usted, amable lector? De entrada, pague su consumo de agua. Es un derecho humano y constitucional el acceso al vital líquido, pero como dice el refrán: “Dios da el agua, pero no la entuba”. Si todos pagamos el consumo, podremos exigir que se rompa el círculo vicioso de mal pago-mal servicio. Y desde luego, reporte las fugas.

Una acción engorrosa, pero indispensable, es mandar correos a su diputado, una y otra vez, exigiendo un alto al deterioro presupuestal de CONAGUA y que, por el contrario, se le aumenten considerablemente los recursos para contribuir a la seguridad hídrica del país. Es una lata, sí, pero nada más le cuento que nuestro país debe invertir 80 mil millones de pesos anuales durante el próximo medio siglo para mejorar la infraestructura y el acceso al agua. Y usted quiere que toda su familia tenga agua, no le queda otro camino que el de ser un causante responsable y muy puntual…

Otra acción ciudadana es exigir a su presidente municipal una firme regulación de la mancha urbana, lo mismo de desarrollos fifí que de los llamados paracaidistas. Todos tenemos que caber, el chiste es limitar la huella de construcción con respecto a las zonas boscosas; no le hablo de los grandes bosques, sino de los bosquecitos que rodean su ciudad. Y de pasada, con los colonos de su barrio, pida que el municipio invierta mucho del presupuesto en la cosecha de agua.

El espacio no me da, así que me brinco hasta las campañas educativas sobre el cuidado del agua. Búsquelas en internet o, literalmente en las tiendas OXXO; le dirán como hacer un uso eficiente de líquido. Hágales caso.

En fin, estimados lectores, espero que ni nosotros, ni nuestros hijos, jamás tengamos que llorar por tener que grabar en piedra otra siniestra advertencia que nos haga volver a llorar, como en el siglo XV.

Colaboró: Upa Ruiz This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

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