El interés que no es interés

Sin punto y coma

De acuerdo a la “Guía para identificar y prevenir conductas que puedan
constituir conflicto de interés de los servidores públicos”, un conflicto de interés “es la situación que se presenta cuando los intereses personales, familiares o de negocios del servidor público puedan afectar el desempeño debido e imparcial de su empleo, cargo, comisión o funciones”.
 
 
Así de simple el criterio con que se tiene que abordar la presunta discusión acerca de si existió un conflicto de interés o no, en el nombramiento de Yasmin Esquivel como Ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Si acudimos a la letra del ordenamiento emitido por la Secretaria de la Función Pública, y que se ha mantenido vigente, el presidente de la República estaría avalando una decisión surgida de una Cámara de Diputados con mayoría parlamentaria por el Partido denominado Movimiento de Regeneración Nacional, que hasta ahora se mueve en la dirección y las acciones que ordena el propio presidente, Andrés Manuel López Obrador.
Así de simple la circunstancia por la que muchos seguimos pensando que pese a que el nombramiento ha causado estado, si existió un conflicto de interés, y veamos porque.
El acuerdo tiene por objeto fijar los criterios para la correcta aplicación de la ley en lo relativo a la intervención o participación de cualquier servidor público, en la selección, nombramiento, designación, contratación, promoción, suspensión, remoción, cese, rescisión de contrato o sanción de cualquier servidor público, cuando tenga interés personal, familiar o de negocios o que pueda derivar en alguna ventaja o beneficio para el o para sus parientes consanguíneos o por afinidad o civiles a que se refiere la ley.
Bien dicen por ahí los especialistas del derecho que “a confesión de parte, relevo de prueba”, y eso quiere decir que ante la contundente aceptación del presidente de la República en el sentido de que “el fundador del Grupo Riobóo lo ha apoyado mucho, ya que es un ingeniero con mucha capacidad, y es de los mejores estructuralistas del país, y es el que hizo el proyecto de los segundos pisos”.
 
Efectivamente, el señor José María Riobóo fue el constructor favorito del ahora presidente de la República en su etapa como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México.
Ya encarrerado, también señaló: “me da mucho gusto que el Senado la haya elegido para ocupar este cargo honroso, ser integrante de la Suprema Corte. Es una mujer con preparación, con méritos, egresada de la UNAM, con maestría, con doctorado, y se ha desempeñado en cargos también relacionados con el Poder Judicial”.
En lo personal debo señalar que nunca cuestionaría la capacidad, el talento y la preparación de Yasmín Esquivel Mossa, ya que la conozco desde hace muchos años, pero lo que sí cuestionó es el procedimiento electivo porque lo vició el propio mandatario.
No sé si el señor Andrés Manuel López Obrador se haya retractado, pero el señor José María Roobóo fue investido con el nombramiento de asesor del presidente de la República, y hasta ahora que yo sepa nunca ha sido despedido. Desconozco los motivos por los que ahora el Presidente niega tal nombramiento, quizá para ocultar el grave conflicto de interés en que ha incurrido, o para evitar que existan cuestionamientos en su decisión de incluir a Yasmín Esquivel Mossa en la terna correspondiente.
Ya tomó protesta y nadie podrá quitarla, pero una vez más el señor López Obrador se burla de los mexicanos.
Al tiempo.