(Tan importante como reparar el daño causado es disculpar los defectos, no culpar a los demás de nuestros desatinos y autoinculparse de cargas, para sentir el deseo de reconciliarnos).

(Cada pulsación ha de volver con su fondo a dar forma al verso de la vida, tras afrontar con valentía la lucha interior, que se vence con las armas conciliadoras del espíritu reconciliado; cargando nuestra cruz en unión con Cristo, para descargarnos de las apariencias mundanas).

“De ahora en adelante hay que ver los horizontes coaligados, el avance en función de la alianza, la política con base en la tranquilidad que ofrece, y hasta nuestra propia existencia en orden a la valentía del deber a tolerarnos”.