Mediocridad política

SINGLADURA

A ver. ¿Hasta cuándo los gobiernos de México en los tres niveles seguirán adoptando medidas cortoplacistas y/o miopes ante los graves problemas que nos aquejan? Es lo menos que puede plantear uno ante los anuncios hechos la víspera por La Comisión

Ambiental de la Megalópolis (Came). Mancera ni siquiera tuvo la honradez de dar la cara a sus gobernados. Se escudó en la Came. Tome nota de estos hechos, aparentemente baladíes, pero reveladores del carácter de quien se ostenta como jefe del gobierno de la ciudad de México.

Como apuntaba aquí hace unos días, la gestión de Mancera suma una serie de pifias graves. Quizá el temor a no dar pie con bola de nuevo lo hicieron recular una vez más. Allí dejó que la Came diera la cara, llena de esmog, pero que la diera. 

El sitio Sostenibilidad para todos apunta que la contaminación del aire urbano es un serio problema en muchas grandes ciudades del planeta.

Esto como consecuencia del intenso e incesante tráfico, unido a fábricas que no controlan sus emisiones, convierte el aire de ciudades de todo el mundo en auténticas nubes de esmog. Los niveles de partículas contaminantes sobrepasan en muchos casos el límite de seguridad para la salud humana marcado por la OMS. 

Y añade: la contaminación del aire mató aproximadamente a 7 millones de personas en 2012, lo que la convierte en el gran problema de salud medioambiental mundial según la OMS. La cifra conlleva que una de cada ocho muertes mundiales en 2012 se vinculó con el aire contaminado.

Se trata de un problema grave, pero el tamaño de las medidas anunciadas por la Came resulta casi diminuto para contrarrestarlo. Alguna responsabilidad debería fincarse a Mancera y los gobernantes de la ciudad por obviar su responsabilidad con los gobernados, a quienes asestan acciones que al menos resultan precarias, insuficientes e incluso contraproducentes.

Se prevé que el nuevo y temporal –eso dicen- hoy no circula, un programa ya vetusto que suma 27 años de vida inútil a juzgar por sus resultados, saque un millón de vehículos por día de las calles de la capital mexicana entre abril y junio. Pregunta obvia: ¿Qué hará ese millón –por lo menos- de personas que usan habitualmente sus vehículos? Saturarán el transporte público ya congestionado y altamente contaminante de la megalópolis. Cero para Mancera. 

Los ricos, como siempre, eludirán el hoy no circula de manera simple y como ya lo han hecho miles de veces antes. Acudirán a una concesionaria y adquirirán más autos. Los pobres y clasemedieros se rifarán en el saturado y poco eficiente sistema –así lo llaman- de transporte público. ¿Los políticos? Esos nunca sufren. Esas son las "soluciones" de Mancera. Caray. ¡Cuánta mediocridad política! Y encima le apuesta a extenderla más allá del 2018. (fin)

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