De villanos y héroes: la apología del crimen

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Las noticias que se han suscitado con posterioridad a la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán han dejado al descubierto una situación social en México que mucho debe de preocuparnos: una cultura de idolatría y emulación hacia quienes han decidido hacer del

crimen su forma de subsistencia y de enriquecimiento.

Hoy, lamentablemente en México, personajes siniestros y deleznables como Joaquín “El Chapo” Guzmán; Ismael “El Mayo” Zambada; Juan José Esparragoza Moreno, alias el Azul; Edgar Valdez Villarreal “La Barbie”; Heriberto “El Lazca” Lazcano son los nuevos héroes de las juventudes mexicanas. Se vuelven su aspiración y su modelo a seguir.

Producto innegable de la desilusión, la frustración, la desesperanza y el debilitamiento de los valores, cimientos estructurales de la sociedad, los líderes de organizaciones criminales han creado leyendas en torno a su nombre. Se muestran –principalmente en las comunidades más depauperadas– como súper humanos, que recuerdan su origen “humilde” y ayudan a sus comunidades. Que salieron de la pobreza y obtuvieron notoriedad y poder a través de del crimen y el desafío abierto a las leyes e instituciones de la sociedad, lo que les ha dado riqueza, aún y cuando ésta se encuentra fincada en miles de cadáveres y sangre derramada para reforzar sus imperios criminales.

La vida y obra de estos criminales hoy es apologizada para mostrarle a la sociedad que el camino de la rectitud, del reconocimiento y respeto a la vida y el derecho de los demás es un error. No sólo a través de la difusión de sus acciones a través del dicho “boca en boca”, además de ello están los llamados “narcocorridos” y la ambición de las grandes cadenas televisivas que anualmente gastan millones de dólares para crear programas en los que sus protagonistas son cínicos y contumaces criminales, que viven rodeados de lujo, plenos de dinero y recursos y –por ende– son idolatrados por un pueblo ávido de héroes, actualizando el dicho popular que reza: “cuando no se conoce a Dios, a cualquiera con sotana se le hinca”.

Los grandes capos mexicanos han contado con la habilidad para lograr legitimarse ante la sociedad. Mejoran comunidades, dispendian riquezas, generan empleo y brindan recursos a los depauperados, para consolidar una cadena de complicidades que les permite mantener vigente su manto de impunidad; todo ello ante la actitud complaciente y cínica de un gobierno incapaz de combatir estas maniobras y que, en el peor de los casos, se asocia criminalmente con ellos para permitirles seguir con su funesto imperio.

Es tiempo de regresar a la exaltación de los valores e imponerlos sobre la monetización imperante en la vida social, pues hoy –desgraciadamente– vivimos en un mundo al revés, en donde los villanos persiguen a los policías; en donde los delincuentes son buenos y los héroes son los malos.

@AndresAguileraM