La Deuda de la Oposición

La oposición política es, por definición, la expresión opuesta a las ideas y acciones de un gobierno determinado. Son, en consecuencia, quienes están

obligados a levantar la voz, expresar, argumentar y razonar la inconformidad que existe con respecto a la forma en que se conduce un país. El lugar idóneo para ejercer la función opositora es el órgano colegiado de representación popular, donde se constituyenlas voces tanto de la población como de los intereses que integran el Estado y que es, en consecuencia, contrapeso natural de quien ejerce la función ejecutiva gubernamental. 

La idea democrática impera que sea la voz de la gente la que guíe los destinos de las naciones; en consecuencia, debiera ser su órgano de representación el que precise los lineamientos bajo los cuales se comportará el gobierno. Sin embargo, en un régimen presidencialista, como el de Estados Unidos y el nuestro, ciertamente el mayor peso del poder reside, precisamente, en la función ejecutiva ya que es el Presidente quien tiene la titularidad de la Jefatura del Estadoy la facultad de dictar las guías; empero, la función de contra peso por excelencia, sigue recayendo necesariamente en la instancia de representación, que —en nuestro caso— es el Poder Legislativo.

Por propia naturaleza, tanto el movimiento político afín al titular del ejecutivo como la oposición están representadas en el Senado y en la Cámara de Diputados; por tanto, ahí es en donde debieran concretarse las principales acciones opositoras al gobierno y a su movimiento. Sin embargo, lamentablemente observamos que la oposición en el legislativo ha tenido pocas oportunidades de mostrar su eficacia ejerciendo esta función.

Durante los últimos tres años de la actual administración, la oposición ha sido meramente contestataria y lejos de llevar a cabo una estrategia certera y coordinada que muestre las deficiencias del actual gobierno, se han dedicado a responder a provocaciones y dichos, sin que ello represente una intención de “oponerse” a las acciones concretas realizadas por el ejecutivo y su gabinete. Aunado a ello, el desprestigio generado durante las últimas décadas, en las que presidieron el país estuvieron caracterizadas por la incompetencia, el desorden, la frivolidad y la corrupción, lo que les restó legitimidad como voces autorizadas de quienes representan y que disienten con el régimen actual. 

El país requiere de una oposición sólida y legitimada. Nada lastima más a una democracia que las voces opositoras en el congreso carezcan del respaldo de quienes dicen representar, pues cualquier acción, postura o denuncia, está lesionada por la desconfianza y la sospecha, principalmente, de ser condescendiente y permisivos para con el gobierno.

Para poder retomar la ruta de la legitimidad y el respaldo de sus representados, la oposición tiene la obligación de generar acciones audaces y certeras que alienten a la población a sentirse identificados con ellos, al tiempo que no sólo denuncian que las ideas y políticas ejecutadas son inapropiadas y deficientes, sino que —además— también cuentan con los mecanismos reales y palpables para hacer mejor las cosas.

En tanto que esto no suceda, el régimen no sólo afianzará su fuerza y legitimación, sino que estaremos en la antesala de una República oligárquica y sin una fuerza opositora que verdaderamente represente a quienes no se identifican con el gobierno actual.

@AndresAguileraM

 


 



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