“¡Hey! No vayas presumiendo por ahí, Diciendo que no puede estar sin ti, Tú qué sabes de mí...” Julio Iglesias
¿En qué se parecen Marcelo Patrick Ebrard y Jesús Ernesto López Gutiérrez? Ambos tuvieron, por breve tiempo, madre postiza.
No, no es mezquindad, pero en la 4T doña Josefa González Blanco-Ortiz Mena descubrió su vocación de madre adoptiva. Y así trató a los hijos de Marcelo Ebrard Casaubón y del licenciado Andrés Manuel López Obrador cuando los hospedó en la residencia de la embajada de México en Londres.
Tal vez usted recordará que la licenciada González Blanco-Ortiz Mena fue embajadora de México ante el Reino Unido del 23 de abril de 2021 y hasta enero de 2026, porque así lo decidió el congruente Andrés Manuel López Obrador, quien juró no utilizaría al servicio exterior mexicano para beneficiar a amigos y políticos. Bueno…
Sin duda, usted que tiene buena memoria se enteró que doña Josefa debutó en el gabinete de Su Alteza Serenísima como secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales pero el 25 de mayo de 2019 debió renunciar al cargo, debido a que un día antes detuvo un vuelo a Mexicali, porque se le hizo tarde. Un desplante harto conservador.
Y durante casi dos años estuvo fuera del presupuesto hasta que al Santo Niño de Tepetitán se le pegó la gana y la premió con la embajada de México ante el Reino Unido y, humilde como es, aunque en la legación diplomática fue acusada de maltrato laboral, le nació el alto sentido maternal, pero por los hijos de sus jefes.
¡Faltaba más!
Lo cierto es que la sociedad mexicana suele sumirse en una especial amnesia y acurruca en el valemadrismo cualquier ofensa e incluso delitos, por más inofensivos que parezcan o quienes los cometen urdan la mejor manera de echarlos al olvido.
Y sí, Marcelo Ebrard Casaubon descalifica a sus críticos, por aquello del hospedaje VIP de su vástago Marcelo Patrick Ebrard en la sede diplomática de México en Londres.
Bueno, bueno. Marcelo, quien a Claudia acusó de haber utilizado fondos públicos en la campaña de las corcholatas, debió atender el tema porque prácticamente se lo ordenó su hoy jefa.
Quizá Marcelo pudo haber recurrido al socorrido pretexto del pasado y recordar que Jesús Ernesto López Gutiérrez, el hijo de Andrés Manuel y la doctora Beatriz Gutiérrez Müller, también fue tratado como un hijo por la embajadora Josefa González Blanco-Ortíz Mena, cuando se fue a unos cursos en Londres. ¡Vaya!, hasta la mochila le cargaba.
¡Ah!, por supuesto doña Josefa no podía haberse negado, como tampoco lo hizo cuando, dicen las malas lenguas, alojó en la residencia diplomática a la culta y experimentada doctora Gutiérrez Müller.
Hay versiones de que los hijos de Marcelo y de Andrés Manuel no fueron los únicos huéspedes VIP de la embajadora González Blanco-Ortiz Mena
Lo cierto es que Marcelo Patrick Ebrard se la pasó de lujo entre octubre de 2021 y abril de 2022.
Según Marcelo Ebrard, quien por aquellas fechas era secretario de Relaciones Exteriores y, por tanto, jefe de la licenciada González Blanco, no hubo abuso alguno de su parte. ¿No?
Para que al rato no le salgan con el cuento de que son rete honestos y honestas víctimas de los y las periodistas no afines a la 4T lea usted y, porfis, no se ría, mucho menos se encabrone.
En la mañanera del pasado jueves 16 de abril, la colega Karina Aguilar dijo a la ingeniera presidenta:
--¿Sería posible que yo le pudiera preguntar al secretario Marcelo Ebrard si nos pudiera explicar o aclarar toda esta situación que se ha generado en torno a la estancia de su hijo en Reino Unido?, si ¿es verdad que se hospedó, estuvo 6 meses en la Embajada mexicana?, ¿y cómo estuvo participando?, por favor.
--¿Quieres comentarlo? --preguntó la Princesa Caramelo a su ex rival en la contienda por la candidatura presidencial.
--Sí, muchas gracias --atendió Marcelo. No le quedaba de otra.
--Bueno, yo te diría lo siguiente --respondió a Karina y explicó:
“En el año 2021, recuerdo el momento porque estábamos en lo de la pandemia, yo estaba muy atareado con el tema de traer a México las vacunas. Esa era, entonces, mi prioridad como canciller y de toda la Secretaría de Relaciones Exteriores.
“Tuve una conversación con Josefa, quien había sido designada embajadora, y le dije: “oye, va a estar por allá mi hijo porque quiere hacer unos estudios”.
“Yo tengo muchas reservas, porque estábamos en plena pandemia.
“Y me dijo: “mándamelo a la residencia y lo trato como un hijo; cuando menos, el tiempo que sea indispensable” (ahí la vocación maternal de la ecologista Ortiz Mena).
“Y le dije: “bueno, déjame le consulto a mi hijo y veo si sí”.
“No estaba yo muy convencido de que fuera, pero mi hijo quería ir para tomar unos cursos. Él estudió Psicología y Medicina, y le interesa mucho la neurociencia.
“Entonces, me dijo: “papá, si no voy, pues voy a perder esa oportunidad”.
“Esa es la génesis.
“Le agradecí muchísimo y hasta ahora, se lo agradezco muchísimo a Josefa.
“Mi hijo llegó allá y estuvo aproximadamente 6 meses.
“Decidió regresarse. ¿Por qué razón? Porque las clases eran por Zoom, había restricciones de todo tipo. Y me dijo: “papá, ¿para qué me quedo a estudiar?”. Él quería quedarse más tiempo. Y se regresó.
“No veo en ello ningún abuso de mi parte, salvo la preocupación de un papá por un hijo. No usamos ningún recurso indebidamente (¿ningún abuso?, ¿no es abuso haber usado fondos públicos durante medio año para pagar todo, mayordomo y hasta cocinera? ¡Sopas!).
“Mi hijo organizó una exposición allá, porque me dijo: “Hay un problema, yo estoy enclaustrado prácticamente, igual que la embajadora y todo el mundo, y hay un problema de salud mental en la comunidad”.
“Entonces organizaron una exposición para que la gente pudiera exponer, principalmente pinturas o dibujos, de su experiencia durante la pandemia, es lo que él organizó. No su obra.
“Que yo sepa, su conducta fue y siempre ha sido intachable --bueno, bueno, nadie acusa al chamaco de haber en malos pasos, cheleando, por ejemplo, en algún pub--.
--Sí veo mucha mezquindad en ese tipo de notas, porque las personas que lo promueven saben perfectamente bien la entrega de toda la Cancillería mexicana y, para empezar, de tu servidor: por traer a México el equipo, las vacunas, y en ello, participó toda la Cancillería mexicana.
“Y mi hijo lo único que quiso hacer fue contribuir con esa exposición a que nuestra comunidad estuviera mejor en Londres.
Es lo que te puedo decir”, acotó Marcelo y luego, con fondo de los violines de Villa Fontana, cuasi párrafo de la Rosa de Guadalupe, a punto de moquear dirigió la mirada vidriosa a la cámara y declaró:.
“Si algo se me puede recriminar es que, como padre, me haya preocupado la salud de mi hijo estando en un país extranjero y haberle aceptado a Josefa ―que se lo agradezco mucho, hasta la fecha― que lo trató como un hijo y lo alojó como si fuera de su familia”.
¡Recáspita, ingeniera presidenta! Pero, no os dejéis llevar por este desplante cursilón. ¿Usted cree que Marcelo Patrick y Jesús Ernesto están preocupados? Niños de papá con poder les importa un pito, no lo dude, lo que de ellos diga la plebe.
¡Total!, allá afuera están los batallones guindas y la fanaticada que aplaude a rabiar. Ahí le dejo esta aportación para que no olvide que no son iguales a los de antes. No, Drakko, ¡son peores! Cínicos, impunes y, sí, mezquinos. Digo.
MOISÉS SÁNCHEZ LIMÓN
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@sanchezlimon