“Cuando un amigo se va…” Alberto Cortez

Le decíamos “El Chacalito”.



Por allá de los años 70 ese mote era un especial distintivo de reconocimiento para el mejor reportero, el que ganaba entrevistas, notas informativas, la de ocho columnas, de primera plana.

 Él se ganó el sobrenombre a pulso; sí, reportero de primera plana. Entre la manada, no suele reconocerse al colega que ganaba la nota y nos destinaba al regaño del jefe de información, o de plano la suspensión por pendejo, porque estando en el mismo lugar nos chacaleaba la nota.

Hoy, las nuevas generaciones desconocen el alto grado de reconocimiento que implica ese sobrenombre y, a la entrevista banquetera de montón le dicen chacalear. ¡Vaya falta de respeto para quien es el mejor!

Pero…

Hoy, usted habrá de comprender el dolor que se clava en el pecho cuando, Alberto Cortez dixit, un amigo se va.

Y, ¡caray!, ayer se murió mi amigo y compadre Enrique Sánchez Márquez, “El Chacalito”.

Mis colegas que suman varios ayeres y formaron parte de esa manada que todos los días salíamos de la redacción de los periódicos y de las pocas estaciones de radio y de la tele que tenían noticiarios, con la orden escrita en tiras de papel revolución para ir por la nota.

A Enrique lo conocí en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en la famosa “escuelita”, atrás de la Facultad de Economía, vecina de la Facultad de Derecho y camino a la Facultad de Ciencias en Ciudad Universitaria, a un lado, entonces, de Odontología y de Medicina.

Enrique era maestro normalista como José Luis “El Gallo Giro” Aguilar Villanueva, pero su vocación no estaba frente al grupo de primaria, no, estaba en una redacción, en la reporteada y sumaba voluntades con Guillermo Pimentel Balderas, también mi compadre, igual junto a Roberto José Pacheco y Vicky Hernández Córdoba, José Roberto Corona, Paulina Becerril Carmona, Elda Maceda y Lucía Ramírez Corona, Silvia Durand, María Celia Arzate y Cristina Lemoine. Y…

Enrique se casó con Georgina Patiño, también colega de aquella generación que integramos a la asociación Periodistas Unidos de México Asociados, mejor conocidos entre la banda como Los Pumitas por el acrónimo PUMA, que pisamos la redacción de El Universal Gráfico, como aprendices, gracias a la anuencia del entonces joven director de El Universal, Juan Francisco Ealy Ortiz, padrino de la generación de un grupo de estudiantes de la Prepa 7, entre los que estaba Enrique.

¡Caray! Y entonces bordaba nuestras vidas eso que se llama destino. Jóvenes con hartas ganas de comernos el mundo a puños, reporteros por vocación y Enrique un ejemplo de esa capacidad de ser el mejor. El Chacalito, sin comillas.

A la amistad se sumó el compadrazgo cuando aceptó ser padrino de bautismo de mi hijo Moy quien, mire usted como es de cabrona la vida, el miércoles de la semana próxima, 13 de mayo, cumplirá cinco años de haber fallecido.

Sí, se llama desino y se debe asumir con la normalidad que entraña tener la vida prestada. Un día antes, el martes 5, fue la misa en el primer aniversario del deceso de mí también compadre Alfredo Camacho Lara, padrino de mis hijos Daniel y Carlitos.

Duele, canija realidad, duele. Usted disculpará, pero déjeme compartir este sentimiento que suelo digerir en solitario.

Hace unas semanas, falleció mi amiga Mica, quien fuera reportera también de El Universal y contemporánea de esos días en que el olor a tinta era distintivo de la hora en que la rotativa se echaba a andar en el primer tiro de los periódicos y las redacciones eran tertulias de conocimiento y cátedra de los mejores reporteros y reporteras.

Así que, usted estará de acuerdo con esta cabrona impresión una vez que mi amigo y colega Javier Divany me informó que mi compadre Enrique había fallecido; su hermano, Fernando Sánchez Márquez, también periodista, confirmó la versión y luego mi comadre Gina, estoica lo compartió.

¡Caray, Enrique!, compadre, nos ausentamos mucho tiempo, seguiste tu ruta luego de la coincidencia en Impacto, donde Juan Bustillos fue nuestro jefe al paso de los años cuando reportero suplente lo conocimos en esos días en que participamos en la fundación de la Federación Latinoamericana de Periodistas.

Pero, pero. ¿Qué ocurrió? No hace mucho, cuando nos reencontramos, como en esos días sin huella, en la bohemia que comenzaba en Las Américas y no era raro que llegáramos a la casa de Don Celso, tu señor padre, en rumbos de Santa Cruz Meyehualco, tiempos de rompe y rasga cuando llorábamos de felicidad.

Compadre, comimos y brindamos en ese encuentro en el que estuvieron Carolina Navarrete y Evaristo Corona y el magistrado Élfego Bautista Pardo y el abogado José Carlos González Blanco y el colega columnista Adrián Rueda y…

Hasta cantamos, ¿te acuerdas, compadre?

¡Ah!, se me viene en cascada la película de nuestros andares, tiempos de los pumitas responsables de atender el área de prensa, en el encuentro del Año Internacional de la Mujer y después el del Año Internacional de la Juventud; esos recorridos por Xochimilco como anfitriones de mujeres como Fibi Munené y Hana Kasambala, Fibi reportera del Kenia Star.

Seguro recuerdas que, cuando íbamos a concretar el compadrazgo, el canijo sacerdote de mi pueblo, San Lorenzo Chiautzingo, no quiso bautizar a Moy porque, adujo, no habíamos ido a unas pláticas.

Pero ya estaba lista la fiesta que organizó mi abuelo, Don Melquiades, y le pegamos a las carnitas, el mole de guajolote y hasta barbacoa. Al día siguiente, en una parroquia de Ciudad Nezahualcóyotl, sin tanto trámite el sacerdote cumplió el rito. Y…

¿Por qué sin avisar, compadre?

Hiciste honor al sobrenombre, canijo Chacalito y te fuiste por la nota exclusiva; no se vale, te reclamo con el reconocimiento que siempre te he tenido como un gran reportero, el mejor para ganar la nota.

¡Ay!, esos días en El Universal, en el trabajo gremial en el CEN del Sindicato Nacional de Redactores de la Prensa, esas veladas llenas de alegría en casa de Don Celso, espléndido anfitrión tu padre siempre dispuesto a compartir su personal filosofía.

Sin duda te ha recibido amoroso la tarde de ayer miércoles 6 de mayo de 2026. La vida corre y nos marca el ritmo, compadre. Ponle papel carbón a la nota y me la compartes, aunque sea exclusiva. Cuando un amigo se va, Drakko, sí, cómo duele. Digo.

This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. www.entresemana.mx @sanchezlimon1


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