El último aire de Porfirio

Porfirio Muñoz Ledo fue un personaje irrepetible y siempre supo que dejaría una huella grande en la política.

Buscaba retirarse en paz, con todos los honores, con el reconocimiento de sus amigos, conocidos y adversarios. Cuando entró en la recta final de su vida política, en 2016-2017, era cuidadoso con la palabra, había guardado la artillería verbal que utilizó para los debates y declaraciones de prensa. Le encantaba aparecer en las primeras planas de los diarios, escucharse y verse en los medios electrónicos, radio y televisión.

Entonces, cuando lo contactaron para participar en el documental sobre las elecciones de 1988, su principal ruego a los entrevistadores fue que no lo echaran a pelear con nadie: “ya no quiero pleitos, quiero cerrar mi carrera en paz”.

Se vio cansadón, sin el ímpetu de sus mejores tiempos, resignado a llevar en paz la fiesta.

Lo que no imaginaba es que el nuevo partido al que se había incorporado, Morena, con Andrés Manuel López Obrador como candidato presidencial en 2018, arrollaría en las elecciones. Él, llegó de nuevo a la Cámara de Diputados

No fue bocanada de oxígeno sino tres tanques del elemento químico gaseoso que lo revitalizaron, el último aire de Porfirio Muñoz Ledo, nada más que se quiso ubicar por encima de sus compañeros y del mismo presidente. Se la cobraron. No modificó tampoco reelegirse como diputado y recibió la medalla Belisario Domínguez del Senado.

Terminó como no quería, peleó con sus compañeros de partido.

Arturo Zárate Vite

@zarateaz1

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