En la prisión de máxima seguridad El Altiplano en Almoloya, estado de México, nadie de los internos se salva del baño de agua fría, diario.
Así que, contra su costumbre, a quien fuera el primer gobernador panista, acusado de huachicolero, le tocó bañarse con agua fría, 69 días, hasta que el juez le concedió la prisión domiciliaria, en Ensenada.
Durante su estancia estuvo en el área de observación, donde las autoridades del penal van evaluando la conducta para decidir con qué grupo de reclusos lo van a mezclar, suponiendo que tendría una larga estancia.
No sucedió así, por su edad y problemas de salud, sus abogados lograron que fuera trasladado a su domicilio.
Estuvo recluido en espacio muy pequeño, tres metros de largo por uno y medio de ancho, iluminado con la luz de la lámpara que está en el techo encendida las 24 horas.
Uniformado, con la ropa de interno color beige, una colchoneta para acostarse, colcha y cobija.
Para sus traslados ante el juez o área de visitas, siempre tuvo que caminar pegado a la pared y con la cabeza agachada, como lo establece el reglamento, sin comunicarse con otro interno en el camino.
Levantarse temprano y estar listo frente a la reja para el pase de lista a las siete de la mañana, todos los días. Por la tarde-noche el segundo pase de lista y, prepararse para dormir.
Para su aseo, como a todos los demás, se les proporciona lo básico, jabón y pasta dental.
Ahora, ya instalado en su casa, Ernesto Ruffo, ahí deberá permanecer y desde ahí seguir su proceso.
Ya se podrá bañar con agua caliente.
X y TikTok: @zarateaz1