Alguien que no respeta la confidencialidad de una conversación privada, difícilmente volvería a recuperar la confianza del interlocutor.
Es evidente que la gobernadora de Chihuahua Maru Campos pecó de imprudencia e indiscreción al hacer pública la conversación privada que tuvo con la presidenta Claudia Sheinbaum.
Cualquiera que se dedique a la política sabe lo que implica una plática privada, mantener en secreto lo que se diga. De otra manera, no tiene razón ponerse de acuerdo para llevar a cabo un encuentro con esa etiqueta.
Nunca antes en la historia política de México se había visto entre dos personajes de ese nivel que se rompiera el acuerdo de una conversación privada. No hay precedente de esa magnitud.
¿Por qué lo hizo la gobernadora? ¿Por qué hizo pública una conversación que ya tenía más de un mes de haberse realizado? ¿Qué la llevó a tomar esa decisión? ¿Qué gana? ¿Qué pierde?
Por lo pronto ningún otro personaje, del nivel que sea, va a confiar en ella para realizar una conversación privada.
Deja de ser confiable.
Se tomó mucho tiempo para decidir hacerla pública. ¿Por qué un mes después? ¿Por qué en este momento? Es obvio que algo la empujó para que lo hiciera. Quería que se supiera lo tenso del encuentro, quizás, para poder decir el día de mañana, si tiene que hacer frente a la justicia por irregularidades que ha cometido como gobernadora de Chihuahua, que es perseguida política.
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