Encubridor

El presidente de este país ha quedado uno y otra vez como encubridor

de quienes se satisfacen y se atascan en el lodo de la corrupción, enriquecimiento y abuso de poder. No hay duda de eso, hay evidencias. Desde Palacio Nacional se ha estimulado la erosión de las instituciones que deben ser las más importantes para la nación: el Ejército, la Iglesia, la academia, la democracia y últimamente la impartición de la justicia. No es la primera ocasión que AMLO cuestiona y fustiga a los ministros de la Corte que no les corresponden a sus imposiciones. Gravísimo que en estos días entremos al juego presidencial de demoler al INE y a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Aunque no nos demos cuenta ádranos tratando sobre la democracia, ejercicio legal que nos permite determinar nuestra forma de gobierno y de la instancia mayor para respetar nuestros códigos legales que nos legitiman como sociedad y nos da fuerza como Estado. Que el presidente motive la confrontación sobre las instituciones únicamente refuerza su idea de mandar al diablo a las instituciones, y eso no lo podemos permitir. Lo digo en serio, ha prostituido al Ejército, ha deshonrado a la iglesia, menospreciado a la sociedad, ha intentado dinamitar a la UNAM, quiere manipular al INE y colocar sus piezas a modo en la Suprema Corte para hacer de esta nación una entidad sin Estado de Derecho. Esta perversa conducta nos conduce a un retroceso que nos orilla a la anarquía y a las dictaduras, es decir, o nos revelamos ante el poder con todas sus consecuencias o seres sujetos a anular nuestras garantías constitucionales para confeccionarnos a todos iguales/ pobres e incultos. AMLO se ha burlado de la máxima popular “al INE no se le toca” y pronto, ya lo veremos intentará dinamitar a la UNAM, le faltan aulas para el adoctrinamiento que ya inició con los libros de text9. Estamos perdiendo terreno como sociedad para jugar a las mañaneras, para creer que los ahí comunicadores son los estandartes de la libre expresión cuando a los verdaderos profesionales los lleva al paredón para que sean lapidados por “el pueblo bueno”. No hay pruebas de sus acusaciones, no ha llevado a los crimínales a la cárcel, solo persigue a los empresarios, a los científicos, a los periodistas y a lo que llama las aspiracioncitas. Desde su escritorio recibe información de cómo los carteles ofrecen obsequios a la población y nada ocurre, bueno si, que vaya a pasar lista a Baridaguato. Le valen poco los metros, una treintena en el Metro, porque regala impunidad con descaro. Nos vamos a arrepentir de cómo estamos perdiendo espacios y fuerza. Será AMLO el expresidente más cuestionado y perseguido dentro y fuera del país y a ello está condenando también a sus arrogantes hijos. No podemos esperar más de un personaje que a su propio hogar lo presume como “la chingada” de ahí para abajo estamos todos. A este país lo salvan las instituciones. Que alguien me replique que, en los dos movimientos importantes de la historia, la Independencia y la Revolución se han generado las traiciones y los crímenes más espantosos, díganme un líder revolucionario, Madero, Carranza, Zapata, Villa, Obregon… que no hayan sido objeto de traición y muerte. Por ello, las instituciones han superado a los apellidos. Ahora se pretende los contrarió, emergen a mesías, a redentores salvadores de la Patria para dominar. Veamos si me equivoco.

CARLOS RAMOS PADILLA
@cramospadilla
*Conductor del programa Va En Serio mexiquense tv a canal 34.2 izzi 135 y mexiquense radio