EL HILO DE LA RED

sinpunto

La descomposición registrada en el Gobierno de Veracruz que todavía encabeza Javier Duarte de Ochoa sigue dando de qué hablar y los meses venideros se convertirán en un infierno para quien ha comenzado a dar señales de cansancio y desesperación. Lo que menos dicen ahora quienes vieron en el señor Duarte al joven que podría

cambiarle la fisonomía al otrora estado con mayor potencial verde, es que se convirtió en la cabeza de la mayor pandilla de asaltantes y saqueadores que ha tenido el estado en toda su historia.

Arturo Bermúdez era hasta el jueves pasado titular de la Secretaría de Seguridad Pública en Veracruz. Quizá su nombre no le diga nada a la mayor parte de los mexicanos, pero a los veracruzanos les dice mucho. Tiene un negro historial en cuanto a denuncias presentadas en su contra porque al parecer durante su encargo permitió que ocurrieran muchas cosas “inaceptables” que terminaron en desgracias. La realidad es que hasta ahora ha sido cubierto por un manto protector proveniente de quién se sigue presentando con el cargo de Gobernador Constitucional del Estado de Veracruz Llave, pero que al parecer al igual que él pudiera comenzar a temer por el desmoronamiento de la trama estructurada para ocultar dinero, mucho dinero, producto de negocios no muy pulcros que se adjudican a su protector y a él mismo.

Dicen que el hilo se rompe por lo más delgado, y resulta que Arturo Bermúdez tuvo que renunciar a su encargo  a causa de que se pudo comprobar que cuenta con 11 propiedades en la Ciudad de Houston, en el Estado de Texas, además de poseer una inmensa fortuna en diversas cuentas. Claro está que como cualquier otro funcionario que es “ventaneado” en los medios de comunicación dirá que eso fue adquirido mediante su trabajo y dedicación de muchos años. El problema para el señor Bermúdez es esa cercanía que mantiene con el todavía Gobernador Javier Duarte de Ochoa, porque en reiteradas ocasiones se le ha señalado como su prestanombres. Por eso creo que mucho tendrá que explicar antes de que su jefe abandone el poder porque entonces no habrá tiempo de hacerlo y podría parar con sus huesos en una celda de algún penal de alta seguridad. Más le vale que intente hilar una versión coherente.

Pero seguramente también a Javier Duarte de Ochoa le ha entrado una temblorina de esas que preocuparía a cualquier especialista en Alzheimer, porque de no mediar una clara explicación del señor Bermúdez acerca de su inusitada fortuna, ambos compartirán celdas contiguas en ese penal de alta seguridad a que me he referido en líneas anteriores. El círculo se comienza a cerrar en torno al mandatario veracruzano, y la mayor parte de sus gobernados saldrá a festejar a las calles si así ocurriere. Mientras tanto, lo previsible es que aquellos a quienes reto cuando se le solicitó la renuncia, han comenzado a esbozar una malévola sonrisa. Lo único verdadero de todo esto es que las cosas por su propio peso caen. Al tiempo.

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