¿Realidades o buenos deseos?

sinpunto

Sin lugar a dudas el Banco de México y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público se han convertido en los principales fabricantes de esperanza para los desesperanzados mexicanos que esperan con optimismo el anuncio del posible índice de crecimiento para el año siguiente. Realizar pronósticos sobre la puntual base de los estudios

científicos del comportamiento de los procesos económicos en el país no es difícil porque los indicadores cada vez son más certeros, pero el problema se presenta en los personajes que los interpretan.

Tanto José Antonio Meade Kuribreña, titular de la Hacienda Pública, como Agustín Carstens Carstens, gobernador del Banco de México, cuentan con infinidad de especialistas que todos los días analizan los índices del crecimiento o decrecimiento de la economía, que dicen y predicen lo que ocurrirá con cada una de las monedas utilizadas como referentes en el comercio mundial, donde por cierto el peso se encuentra ausente desde hace muchas décadas.

Se requiere una enorme cuota de sensibilidad para identificar las amenazas y las fortalezas de los procesos económicos en una sociedad tan diversa y en una economía tan incierta como la nuestra que en ocasiones responde más a rumores que a realidades.

Por lo pronto, Meade Kuribreña, ratificó el pronóstico de crecimiento para la economía planteado para 2017, de un rango establecido entre 2 y 3 por ciento, así como el paquete fiscal que aprobó el Congreso, que no es otra cosa más que la forma en que nos cobrarán los impuestos, y las cantidades que pagaremos vendrán en la Miscelánea Fiscal.

  Por todos estos factores es que las predicciones resultan complicadas, y algunas veces las cifras difieren con lo que establecen el INEGI y los indicadores y estimaciones de organismos como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, el Fondo Monetario Internacional y, en su caso, también los organismos multilaterales.  En México no dista una disociación entre lo político y lo económico como ocurre en economías más sólidas y avanzadas que la nuestra porque los políticos quieren tener metido el pie en todas partes. Y no es que seamos complicados, simplemente es que la costumbre indica que debemos tener presencia en todo para que exista más responsabilidad y mayor democracia.

Con todo este coctel de participantes que saben de economía y los que dicen que saben pero que nunca aciertan, reseñar el posible crecimiento del país el año venidero resulta un verdadero galimatías. Por lo pronto, las predicciones sitúan entre 2 y 3 por ciento nuestro crecimiento económico, lo que no deja de ser un buen deseo porque creo que la interpretación estará a la baja, y eso quiere decir que en verdad las cosas se van a poner muy difíciles. Al tiempo.