¿La suerte está echada?

Singladura

A poco más de 50 días para la elección presidencial, y en un ambiente crecientemente polarizado, que atizan figuras oscuras del periodismo nacional y cuyos nombres es

saludable omitir, parece que lo mejor es permanecer QRV, las siglas utilizadas en la radiotelegrafía para advertir que alguien está listo para recibir.
Es cierto, López Obrador sigue según todas las encuestas a la cabeza de la carrera presidencial. Pero este hecho, significativo e importante sin duda, no supone en consecuencia directa que la suerte esté echada para que el popular “Peje” se convierta en el presidente electo el mismo uno de julio próximo. Y es mejor que él y su equipo de campaña atiendan el hecho cuando faltan poco menos de dos meses para la decisión final en las urnas.
Una lectura política mínimamente inteligente sugiere la utilidad y aún la conveniencia para el equipo de López Obrador de permanecer alerta, en otras palabras, de no dormirse en sus laureles porque ya se sabe que “del plato a la boca se cae la sopa” y “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”. Así que es recomendable observar prudencia, sensatez y humildad, aún y cuando los sondeos de opinión estén indicando hace ya varias semanas que “el peje” se mantiene todavía en caballo de hacienda. Ocurre a veces que lo más lejano, o lo que así se ve, es lo más cercano e inmediato, y viceversa.
En los predios priístas y tras el relevo del presidente nacional, una medida acertada sin duda y adoptada justo para desmontar a quien actuaba como el rey del barrio, pendenciero, rijoso y retador, las cosas pueden todavía cambiar, así haya muchos que crean y estén convencidos incluso de que la historia está escrita. Como decía el cronista deportivo y aplicado al campo de la política, esta competencia no termina hasta que termina y el último minuto cuenta con sus 60 segundos. Así que todavía falta tiempo por jugar. Es seguro que en las próximas horas se estarán anunciando cambios, relevos y enroques tricolores con el ánimo de emparejar los cartones, así éstos parezcan hasta ahora demasiado contrastantes. Veremos.
Y entre los panistas y perredistas del Frente aún también pueden pasar muchísimas cosas más. Así que si el “chico maravilla” sigue convencido de que se trata de una carrera de dos, pues podría descarrilar. Nadie en su sano y equilibrado juicio puede apostar que la elección del uno de julio próximo está ya decidida.
Aunque citados ya repetidas veces, es útil recordar las experiencias recientes de los comicios en Estados Unidos, el Brexit y aún el plebiscito colombiano sobre los acuerdos de paz. En los tres casos, los resultados fueron sorpresivos y contra toda tendencia, indicio o encuesta. No hay que perderlo de vista.
Cabe sin embargo un par de preguntas para cerrar esta reflexión: ¿qué necesitaría pasar en México y aún fuera del país para asumir y validar una eventual y nueva derrota de López Obrador? ¿Se han puesto a pensar en eso en las actuales circunstancias? Faltan más de 50 días para saberlo.
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