Lado B de la pandemia

Una cosa me quedó clara, entre otras más, pero quizá la más sobresaliente al juntar la portada y la contra de la antología Lado B de la pandemia. Experiencias del Año Cero, compilado por la colega Mónica Martínez Silva, es la esperanza que proyecta este conjunto de textos-testimoniales de poco

menos de 300 páginas del sello elviajeyelcamino. Si, la esperanza humana como fuerza motriz, vital y prometedora, así y precisamente, debido a que el mundo sigue bajo el flagelo de la pandemia por el coronavirus.

Un texto que sacude al lector y aún a los que no lo son o no han visto este libro testimonial, pero que han estado allí, en total cercanía y/o en la vivencia directa de la peor pandemia de este siglo, “el suceso que marca la historia de la humanidad”, como apunta en su portada.

El texto con el que inicia este libro, del experimentado y veterano colega Salvador Martínez García, retumba en el alma, la conciencia del lector, aún éste resulte el más frío o descarnado, supongo. No es difícil que aún sin caer, ruede una lágrima íntima frente al relato que hace Martínez García de la experiencia, difícil, traumática y altamente peligrosa, que vivió tras el contagio del temible y voraz -permítaseme el uso de dos adjetivos- virus de la Covid-19. Impactante por humano, vívido y sin sentimentalismo, Salvador comparte con los lectores ese paseo por los contornos de la muerte que al final y muy afortunadamente lo llevó al edén de la vida. Y uno se alegra, festeja en la intimidad de la lectura el triunfo de Salvador sobre la parca.

En Pájaros, Prodigios y muerte, Tatiana Maillard Cantón, quien me hizo recordar al gran Gilbert K. Chesterton, hace este apunte: “el encierro permite atestiguar prodigios”. Añade: “nunca antes, como en aquellas primeras semanas, mis sentidos habían atendido al incesante flujo de nimiedades que, de pronto, adquirían importancia y significado”. Cierto. Esto es lo que ha ocurrido una y muchas veces más durante esta pandemia.

Los 23 textos-testimoniales que componen este libro, una excelente iniciativa de Martínez Silva aún antes de que también el virus anidara en su organismo, se leen casi como si el lector estuviera evocando su propia experiencia en la convivencia obligada, peligrosa e inusitada, con el virus, aparentemente de raíz china.

Esto porque ¿cuántos y cuáles mexicanos podríamos sustraernos o zafarnos del fenómeno sanitario de este siglo? ¿Hay algún mexicano que pudiera decirse al margen? Cada quién con su respuesta, pero nadie exento de lo vivido durante ya casi 15 meses de manera cotidiana, flagelante, preocupada y en un ambiente de zozobra eterno cuando no de dolor por la muerte, la pérdida y la enorme incertidumbre social.

Cierto, después de esta pandemia, nada será igual jamás en México y tampoco en el mundo. La Covid-19 es la mayor revolución social silenciosa de nuestro siglo a escala planetaria. Eso resulta patente en esta antología testimonial. Nos asomamos a un nuevo tiempo. Es curioso sin embargo que haya sido una enfermedad, una pandemia, el origen de esta revolución, tan radical, cuanto insospechada y aún incierta en sus consecuencias humanas. Y sin embargo, el trabajo imaginado, pensado y organizado por Martínez Silva, constituye un aliento para los lectores porque tiene la esperanza humana como eje central.

Después de todo y del inmenso dolor, daños y pérdidas asociadas al Covid-19, este mundo se sostiene, pero sobre todo seguirá bajo nuevos parámetros. Creo que nunca como ahora, un diminuto virus, surgido en un punto geográfico tan distante de nuestra geografía, había causado cambios tan definitivos y permanentes, pero tampoco había alumbrado una esperanza tan grande.

Así que ¡enhorabuena para Mónica y sus 23 invitados! También enhorabuena para ese periodista-diplomático hoy, Alberto Barranco Chavarría, convencido desde El Vaticano de que este virus no sólo borró un año -y aún más, agrego- del calendario humano, sino es el mismo que “nos volvió más pequeños y convirtió la soberbia en humilde plegaria”.

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@RoCienfuegos1