¡Suerte!

Este lunes, cinco de septiembre, Julio Menchaca Salazar, asumirá el mando del poder Ejecutivo del Estado de Hidalgo,

una entidad que ocupa el noveno lugar entre los estados con mayor pobreza de México, una población de poco más de tres millones de personas y cuyo electorado puso fin en junio pasado a una hegemonía priista de casi un siglo.    

Menchaca Salazar, un ex militante del PRI donde forjó buena parte de su carrera política, asumirá el poder bajo la bandera guinda del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el partido fundado hace menos de una década, pero que hoy gobierna más de la mitad de la población del país y es el número uno en presencia territorial nacional. No es poco para una organización que nació formalmente en 2014, y que parece camino a reeditar la historia del otrora poderoso tricolor, hoy en franco declive y con su presidente nacional en el banquillo del desafuero, una medida previa al enjuiciamiento penal.

Pero volvamos al ascenso de Menchaca Salazar al poder hidalguense, que este lunes recibirá de manera formal del priista Omar Fayad Meneses, el último gobernador tricolor de una prolongada hegemonía de casi cien años. 

Es cierto, Hidalgo tiene una posición geográfica estratégica en el corazón de México, y sin embargo sigue siendo un estado pobre, con un problema grave de distribución poblacional en su geografía que implica un enorme reto para el desarrollo. Con 84 municipios, Hidalgo plantea la dificultad de llevar bienes, servicios, e infraestructura a comunidades dispersas y alejadas en su variada y rica geografía. Éste ha sido uno de los impedimentos históricos para que esta entidad, que se desprendió hacia principios del siglo XX de las costillas de su vecino Estado de México, pueda desarrollarse.

El propio Menchaca Salazar lo ha reconocido, al señalar que de unas 4,692 poblaciones, muchas de ellas aún carecen de una carretera pavimentada a su cabecera municipal.

Así que el costo-beneficio de las inversiones públicas y aún privadas, plantea un reto formidable para el gobierno de Menchaca Salazar, de la misma forma que lo fue por décadas para sus antecesores priistas. 

Este será sin duda uno de los retos clave del nuevo gobernador, si no el principal desafío de su gestión. Menchaca lo sabe. Tiene una prolongada experiencia en diversos cargos, funciones y responsabilidades en su estado natal, la penúltima como senador de la república.   

Menchaca Salazar ha dicho que, ante el pobre desarrollo económico de este estado, él prevé remontar esa situación. Ojalá lo haga realidad. Tiene entre sus aliados al presidente López Obrador, su correligionario, además. Hidalgo registra una elevada dependencia histórica de los fondos federales para su desarrollo. A esto se añade la preconizada pobreza franciscana, un paso hacia atrás de la austeridad republicana. Menchaca también sabe esto.   

En diversas declaraciones públicas, el nuevo gobernador ha hecho saber que apostará al desarrollo de la industria logística, relacionada con las operaciones del Aeropuerto Internacional “Felipe Ángeles” (AIFA), a medio camino entre la capital hidalguense y la ciudad capital. También cree que la construcción de una planta coquizadora, en la refinería de Tula, así como la construcción de caminos, podrían constituir los detonantes del nuevo desarrollo económico hidalguense.

Menchaca Salazar sostiene además que, pese a su pobreza, Hidalgo ha procurado riqueza externa, por lo que apuesta por poner fin a los desequilibrios regionales.

Es cierto, Hidalgo tiene una posición geográfica estratégica, entre la capital del país, la región norte y el Golfo de México. El llamado Arco Norte, pero también las conexiones carreteras hacia la frontera norte del país podrían apuntalar el desarrollo hidalguense.

El nuevo gobernador prevé obras de comunicación terrestre entre la AIFA, la capital del estado y la red estatal de distribución federal. Ojalá.

Prevé igualmente el aprovechamiento de la vocación económica de cada una de las regiones, junto con una agenda ecológica y bonos verdes para el rescate de ecosistemas.

En la región de Tulancingo, la apuesta será por la revitalización de una industria textil hoy venida a menos, y en Ciudad Sahagún se espera el relanzamiento de la industria de la fabricación de trenes.

Menchaca Salazar confía en proseguir la tarea de atracción y concreción de inversión privada a esta entidad, que impulsó su antecesor, Fayad Meneses.

Veremos si con el nuevo gobernador, emanado de un partido distinto al que lo gobernó por casi un siglo, Hidalgo mejora su noveno sitio nacional entre las entidades más pobres de México. Ojalá. ¡Suerte en la tarea!

Roberto Cienfuegos

@RoCienfuegos1