Entre Penélope y Odiseo

Muchas cosas se entienden cada vez menos en México. Destartalan o al menos intentan hacerlo, aquellas instituciones

que funcionan bien, en general, y renuncian u omiten arreglar las que mal funcionan o están cada vez peor en el país. ¿Se entiende esto? ¿Por qué estos empeños, tan contradictorios y aún perversos per se? Desconozco cuáles sean las motivaciones de fondo, que, por supuesto debe haber, en estos locos afanes, cuyas consecuencias se anticipan impredecibles, pero con un sentido absolutamente negativo para la mayoría de los mexicanos.

El tema en boga, claro, es el Instituto Nacional Electoral (INE), un organismo cuya historia lo acredita como funcional al propósito de garantizar los procesos y resultados electorales en México. Nadie duda que todas las instituciones y aún obra humana, son siempre perfectibles, pero preocupa que se tome este propósito en un momento en que la mayoría de los mexicanos, de la bandera que se quiera, tiene preocupaciones mucho más críticas, que cambiar, transformar, reformar u lo que sea al INE. La mayoría de los electores mexicanos coincidimos en que este organismo es y ha sido garante de los procesos comiciales del país, algo clave, y que fue imposible durante décadas durante la prolongada permanencia del PRI, que sin embargo y bajo la presión social, tuvo que abrirse a la alternancia política, que al parecer ahora quiere ser clausurada. También se coincide en que la reforma que impulsa la 4T resulta al menos inoportuna, pero quizá muy interesada en hacerse de un mecanismo para su autopreservación electoral.

Uno de los principales, si no el principal argumento para refundar al INE y convertirlo en INEC, -Instituto Nacional Electoral y de Consultas- es el gasto oneroso y/o excesivo que representa. Ya le dieron una tarascada de casi cinco mil millones de pesos en el proyecto de presupuesto para el 2023. Pero eso es pecata minuta frente al intento de convertirlo prácticamente en un apéndice de Morena, como si el partido en el poder necesitara de un nuevo bastón para preservar el poder que desde su fundación ha ido in crescendo, de una o de otra forma. ¿Entonces?

Hay muchas cosas más que se han desarreglado por no sé qué oscuras y no suficientemente claras razones o motivos, que siempre existen, se conozcan o no. Allí está el sistema de salud, que ha empeorado en estos últimos cuatro años, pese a la promesa gubernamental de construir un sistema similar al que rige en Dinamarca. La promesa se mantiene, claro, pero ese sistema aún no existe en México. Otro caso más. El desmantelamiento del exitoso programa Escuelas de Tiempo Completo, kaput. Esto así haya beneficiado a más de tres y medio millones de escolares y se le haya reconocido internacionalmente. Ininteligible. Del Aeropuerto de Texcoco, mejor no insistir. Ininteligible otra vez. En su lugar, el Aeropuerto Internacional “Felipe Ángeles”, que aún no despega al cabo de prácticamente ocho meses de su inauguración. Ojalá resulte exitoso, alguna vez, quién sabe.

Otro ejemplo de este desmantelamiento queda expreso en lo ocurrido con la Policía Federal, creada en 2009 y suprimida en 2019, en favor de la Guardia Nacional, una institución que aún está por probar su eficacia en las tareas encomendadas, pero que en los tres años desde su creación no ha rendido los frutos esperados y urgentes a juzgar con base en los índices criminales que se enseñorean en México a plenitud.

Podríamos seguir esta lista de temas como en el sueño de Penélope. ¿Habrá que esperar al nuevo Odiseo?

Roberto Cienfuegos J.

@RoCienfuegos1