La gota fría

La escasez del agua es un problema de antigua data, pero se está agudizando en todo México. Es tiempo por ello de

acciones que tengan como trasunto la conciencia social y el emprendimiento gubernamental en todas sus esferas. Esto para impedir un nuevo y ya inminente conflicto humano, productivo e incluso de viabilidad de amplias zonas geográficas del país.

Un informe del Banco de México, de fecha de agosto del 2022, advierte un escalamiento de la severidad de las sequías, cada vez más largas y de una mayor intensidad. Añade que, con excepción del año 2022, las repercusiones de este fenómeno se acumulan debido a que el nivel de municipios afectados desde el que se han iniciado los ciclos de sequía se ha elevado cada vez más.

Esto refleja los efectos adversos de las sequías en el mediano y largo plazo, no sólo sobre los recursos hídricos del país, sino que también han mostrado otras consecuencias, tales como erosión, degradación o desertificación del suelo, siempre según el informe.

Se añaden efectos adicionales sobre los ecosistemas que se atribuyen a las sequías e incluyen la pérdida forestal, el incremento en la frecuencia de incendios y la vulnerabilidad a pestes o enfermedades, los cuales, a su vez, tienden a presentarse en cascada, intensificando las secuelas de los siguientes ciclos de sequía.

No es pues un problema menor, sino uno crecientemente grave, con repercusiones severas en la población del país, la salud, la economía y el desarrollo en el conjunto de México.

Así, y según este documento del Banco de México, la proporción del territorio mexicano impactado por la sequía se ha incrementado. Las regiones norte y centro-norte resultan las más susceptibles y afectadas.

En mayo de 2018, por ejemplo, el 7.0% de los municipios del país, distribuidos en 11 entidades federativas, presentó grados de sequía en categoría de emergencia. Para septiembre de 2019, la cifra subió al 18.0% en 18 estados, mientras que para mayo de 2021 este porcentaje fue de 35.0%, distribuido en 23 estados de la República.

Más aún, en julio de 2022, 19 estados de la república mexicana habían tenido al menos un municipio en estado de emergencia, con Coahuila, Baja California, Chihuahua, Baja California Sur y Sonora como las entidades más afectadas por sequías extrema y excepcional.

Como consecuencia de esta propagación geográfica de la sequía, hay cada vez más personas con escasez de agua en magnitudes considerables.

Así, en el peor momento de la sequía en 2018, el 14.1% de la población habitaba en un municipio en emergencia por este fenómeno. Un año después, en 2019 y aún en 2021, el porcentaje subió 11.7 y 44.6%, respectivamente.

Debido a esto, en 2021 cerca de la mitad de la población mexicana habitaba en algún municipio con un déficit de agua de por lo menos el 20%. 

Aunque recurrentes, las sequías se han recrudecido en duración, intensidad y cobertura geográfica durante la última década, añade el documento referido. A esto se añade que la escasez de agua en las reservas hídricas del país en un año tiene efectos acumulativos sobre los años subsecuentes.

Es así que aun cuando la sequía que experimentó el país en el 2022 pareciera menos severa que la de 2021, en promedio, la acumulación de agua en presas no sólo no ha recuperado los niveles de inicios de 2020, sino que muestra una clara tendencia a la baja. 

De allí que la falta de agua puede tener efectos muy negativos sobre la calidad de vida de las personas, ya observables en varias entidades del país.

Más aún, de proseguir la intensificación de este fenómeno, es posible que haya afectaciones más evidentes sobre la producción. Un factor importante a considerar es el impacto de la sequía, y la consecuente escasez o encarecimiento de agua, sobre los precios de ciertos bienes y servicios.

En consecuencia, es tiempo de tomar conciencia y adoptar acciones en todos los ámbitos del país en busca de soluciones y aplicar políticas de mitigación para evitar hasta donde sea posible los impactos asociados a las sequías, la escasez del agua y, de manera más general, al cambio climático. Todavía hay tiempo antes de que el problema del agua se torne en un asunto dramático, que conlleve a nuevos focos de conflicto humano, social, económico y, por supuesto, para la vida de millones de personas. Es tiempo de comprender el valor de la gota fría, aquel famoso tema de Carlos Vives.

Roberto Cienfuegos J.

@RoCienfuegos1