Sansores y la Profecía

Recomendaban los adultos mayores de antes, ponderación, prudencia, sensatez y aún solía decirse que todo en

esta vida debe circunscribirse a ciertos límites. Los abogados suelen decir que en la duda es mejor abstenerse y no pocas madres y padres de familia, recomiendan a sus hijos o vástagos, no incurrir en prácticas que rayen en el exceso. Bien, pues nada de esto observó la señora que se llama Layda Sansores y que ejerce el cargo de gobernadora del sureño estado de Campeche. 

Para decirlo en términos coloquiales, la señora Sansores, estruendosamente conocida en todo México, se voló la barda hace un par de días cuando se hizo del micrófono en la clásica matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador, en quien ve a un profeta.

Las palabras pronunciadas por la señora Sansores invocaron –imagínese usted- una leyenda maya, en la que destaca un personaje de nombre Tsílimin K´áak como un ser predestinado. Al escuchar y luego leer su discurso, que escuchó y atestiguó el propio López Obrador con una paciencia sobrada y tal vez hasta con deleite, no fue difícil evocar el realismo mágico, un movimiento literario inherente a América Latina, que presenta lo irreal o fantástico como si fuera real o cotidiano. Dicho esto, veamos la “joya” discursiva de la gobernadora de Campeche.

Tras una serie de loas a su propia persona y familia, a la que refirió como “muy comprometida y todos estamos inspirados” –faltaba más- la señora Sansores pronunció esto a propósito del tren maya:

“El avance ha sido importantísimo y vamos a terminar a tiempo, tendremos tren. Porque dice la leyenda que Tsíimin K'áak estaba predestinado, su destino estaba escrito en las cortezas de las ceibas milenarias, los dioses, padres del horizonte antiguo dijeron desde su oráculo el nombre de relámpago y hierro, los sabios del templo, los jaguares portentosos de Calakmul, el Nueva York del mundo maya, guardianes de los ciclos y las eras sabían que su respiración de rayo y progreso atravesaría los misterios de la selva y transformaría los rostros de miseria de quienes piden a gritos la muerte de la marginación”.

Fue más allá al proferir: “tú, caballo de fuego, atravesarás las junglas de la historia y derribarás los adobes de la indiferencia. 

Tú, caballo de fuego, escribirás un nuevo decálogo del pueblo de bienestar, de oportunidad y de fraternidad indestructible.

Y se cumple la profecía”, cómo no habría de destacar esto.

“Un hombre que suele caminar junto a sandalias humildes, que entiende los diálogos de nuestra larguísima espera, un poeta innovador, un líder sin temores, llegó desafiante y legendario para darnos respuestas y más caminos de júbilo.

Hermano Andrés, has venido a levantarnos del polvo, a derribar los pretextos y las escalinatas obscuras del olvido.

Hermano Andrés, este corcel metálico que sólo un corazón intrépido como el tuyo fue capaz de soñar y de parir, traerá desarrollo a nuestra tierra. Rescataremos nuestra lengua maya y nuestra cultura ancestral donde se conservan las pisadas de nuestro pueblo.

Ese caballo de fuego, veloz, extraordinario, a quien trasplantaste tu alma, con su coraza metálica traspasará brechas del progreso sin fronteras para que al fin llegue la justicia.

Que el trueno del tren retumbe en la península. Subámonos al tren, descubramos ante el esplendor y el poderío de nuestra cultura maya, encontremos otro mundo de redención y de esperanza.

Gracias, Andrés, presidente, por habernos dado la oportunidad de escribir un renglón en la larga historia de batallas pacíficas y eternas que tú has encabezado.

Andrés Manuel, hijo del maíz y del rayo restaurador, hijo de los cuatro puntos cardinales, tú que llevas 32 soles en el alma, no olvides nunca cuánto te ama tu pueblo. 

Súbete al tren”.

¿Habría que añadir algo? Sí, Andrés aplaudió a la gobernadora y como en señal de eterno agradecimiento, la abrazó, en un intercambio profético y hasta diría yo, poético. Y nos quejábamos de las placas con los nombres de los presidentes, inscritos cada vez que una obra concreta y terminada, se inauguraba en México.

Roberto Cienfuegos J.

@RoCienfuegos1