Se busca epitafio

Casi en el epílogo de la Crónica de una muerte anunciada, para usar el título de la novela del Gran Gabo, es tiempo

de buscar el epitafio que deberá inscribirse en la tumba de Notimex, la Agencia de Noticias del Estado Mexicano, instituida hace 55 años en un México radicalmente distinto al país que hoy tenemos.

Al cabo de una huelga que en unos días sumará tres años y medio, en abril pasado el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador confirmó la desaparición o extinción de Notimex, una alternativa negada en diciembre del 2022 tanto por él como por su vocero, Jesús Ramírez. En lugar de Notimex, argumentó López Obrador, quedan las matutinas.

Esta primera semana de octubre fue suscrito un acuerdo entre el Sutnotimex y funcionarios del gobierno de López Obrador. Al informar sobre esta firma, la titular de Gobernación, Luisa María alcalde, dijo que aun cuando éste “tomó tiempo”, quedó de manifiesto que “el diálogo es la mejor forma de solucionar cualquier conflicto”. En efecto, para alcanzar este acuerdo se requirieron más de mil 300 días, con sus noches y una cauda de sufrimientos que impactaron la vida de numerosas personas. 

El documento suscrito allana el camino para que el Ejecutivo Federal envíe al legislativo la iniciativa de extinción, que deberá traducirse en un decreto, cuyas cláusulas establecerán paso a paso todo el proceso para la desaparición de Notimex. Ya se verá en todo caso si éstas honran los derechos laborales de los trabajadores de la Agencia, cuyo pago no saldará en forma alguna los vejámenes, ultrajes y vejaciones sufridos desde el 2019, inconcebibles durante un gobierno que día con día se proclama diferente a todos aquellos que lo antecedieron y que reivindica el humanismo y los más altos valores éticos en cualquier escala moral.

Creada el mismo año de los Juegos Olímpicos en México y de la bárbara represión criminal contra el pueblo de México en la Plaza de las Tres Culturas, Notimex, con los altibajos propios de toda obra humana, fue durante más de medio siglo una vitrina o un escaparate de México en el mundo. 

Hace cuatro años, con el ascenso al poder de la Cuarta Transformación, el compromiso público fue convertir a la Agencia del Estado Mexicano en la mejor de habla hispana. Lo que vemos hoy son añicos.

Y claro que mucha gente creyó en una nueva y esperanzadora época para Notimex, un medio público con más de medio siglo de historia.

Es cierto, Notimex nunca alcanzó a transformarse en una auténtica agencia noticiosa internacional, como fue el objetivo de numerosas gestiones a lo largo de varios decenios. En el mejor de los casos, Notimex constituía una agencia noticiosa nacional con presencia internacional.

Nunca pudo, por diversos motivos y razones que sería prolijo examinar en este espacio, alcanzar la estatura de agencias noticiosas internacionales como si lo son, incluso desde su fundación, la francesa France Press, la italiana Ansa, la española Efe, incluso la alemana DPA y la china Xinhua, la estadunidense Ap, o la británica Reuters, por citar algunas entre las de mayor influencia global. También fue una agencia noticiosa mundial la extinta United Press International (UPI), que comenzó el declive que más tarde la llevó a su desaparición a partir de la venta de su impresionantes archivos y materiales fotográficos, una operación que impulsó y mucho a la estadunidense AP.

No fue el caso lamentablemente de Notimex, aun cuando en varios momentos de su historia se hicieron esfuerzos serios y financiados desde siempre con fondos públicos para internacionalizarla, o dicho de otra forma, convertirla en una genuina agencia noticiosa internacional. Aun así, logró avanzar en el esfuerzo de abrir corresponsalías en un buen número de países, con periodistas contratados directamente y al servicio de la Agencia, y sin embargo, las crisis económicas y financieras de México mucho afectaron este esfuerzo de Notimex, que no por ello dejó de proyectarse incluso en algunos países del mundo como un escaparate noticioso y más todavía en México, donde resultaba útil a numerosos medios mexicanos, especialmente en el interior del país donde construyó una red de clientes fijos y resultó útil.

Igual de cierto es que Notimex tuvo problemas para transformarse en un verdadero órgano periodístico al servicio del Estado mexicano, en parte porque algunos de sus directores no entendieron la diferencia esencial entre un medio de servicio al Estado y uno restringido o acotado por el gobierno de turno. Intentos y sobre todo propuestas para entender y sobre todo llevar a cabo esta diferencia, las hubo, pero con mala suerte y peor comprensión del tema. Esto aún y cuando se intentó de manera seria a partir especialmente de su transformación entre los años del 2005 y 2010 en una agencia de Estado, y no al servicio del gobierno de turno. Tampoco se logró, pero la vida de la Agencia se mantenía, aun fuera con altibajos.

El hecho de que en 2018 accediera al poder un nuevo gobierno con un proyecto anunciado como de hondo calado transformador hizo pensar a muchos -tal vez ingenua aunque esperanzadoramente- que se abría la oportunidad para que Notimex pasara a una etapa nueva e inédita. Se creyó que finalmente vendrían nuevos y mejores tiempos para un medio que constituía una plataforma importante de servicios periodísticos a escala nacional y que como dije pudo haberse consolidado en una auténtica agencia noticiosa internacional.

¡Oh desilusión, triste como todas ellas! El signo de este nuevo tiempo ha resultado en el conflicto, el abuso, la descalificación, la estigmatización, el discurso anticorrupción -un recurso infalible y excelente en esta época-, la persecución, el vejamen como práctica, el ejercicio del poder sin más razón que el poder, y en fin, muchas otras prácticas que han lesionado a la Agencia hasta ponerla primero en una situación límite, de desprestigio, y ahora a un paso de su extinción. Notimex es hoy un medio prácticamente muerto, una vez que ya pasó la etapa del desahucio, en medio de una huelga que concluirá con la liquidación de la Agencia. La contumacia y el poder irracional suelen ser una fórmula letal. 

Para “explicar” el por qué resultó así, sobrarán los “argumentos”, las “razones”, los “motivos”, siempre y cuando -claro- se eluda la propia responsabilidad de las partes en el desenlace que está a la vista. Hay que señalar, sin embargo, lo que casi siempre se olvida o desdeña en este tipo de conflictos, aludo a las responsabilidades de las partes en este conflicto de data añeja. En esto, cabe apuntar que a mayor jerarquía, mayor responsabilidad. Esto es ineludible, so pena de un desprestigio personal y profesional aun mayor.

Hace ya algunos meses, también aludí al conflicto de Notimex, que hoy llega a su virtual fin -más por una decisión del gobierno del presidente López Obrador, que por la gestión del Sutnotimex, algo que también hay que apuntar—para señalar que la crisis de la Agencia resultó un caldo hecho añejo y que envejeció de manera paralela a una gestión destructora,  que lamentablemente derivó en la extinción que hoy se anuncia irreversible.

Vaya destino aciago de un medio que en alguna medida fue una referencia de México en el extranjero, y que prestó servicios periodísticos, si no deslumbrantes, al menos útiles para otros medios mexicanos, en particular muchos que se nutrían de sus despachos en los estados de México. 

Notimex constituyó gracias a sucesivos esfuerzos un escaparate noticioso para numerosos medios. Hoy sólo, si acaso, quedará el recuerdo una vez que sea sepultada.

Roberto Cienfuegos J.

@RoCienfuegos1