Lecciones y lecturas  

Si de exterminar se trata, van bien, requetebién, el grupo extremista islamista palestino Hamás e Israel, las dos

principales fuerzas en pugna. Allí no hay medias tintas en estos días. La lealtad que opera es ciega, como siempre exige el absolutismo autoritario, que desdeña matices, la historia misma y tiene como consigna toral la exclusión del otro. De allí que en esta etapa del conflicto palestino-israelí cada una de las partes reivindique la justeza de su causa, y la identifique con la parte acertada de la historia, así el enfoque central de ambas posturas constituya o suponga necesariamente la extinción del otro. Esto como parte de un conflicto de data antigua y vinculado particularmente con el nacimiento del estado de Israel en mayo de 1948.

Sobre el punto, cito a palestinos que con absoluta nitidez saben que Israel está decidido, tras el ataque del sábado 7 de octubre en suelo israelí, a borrarlos del mapa. En efecto, el gobierno israelí de Benjamín Netanyahu declaró “son hombres muertos”, una proclama absoluta contra cada todos y uno de los miembros de Hamás, así en el camino carguen y estén absolutamente dispuestos a hacerlo con las vidas de miles de palestinos inocentes.

Esto cuando se espera -vaya expectativa- que en cosa de horas sobrevenga la intervención armada israelí por tierra, la temida y potencialmente catastrófica ofensiva terrestre, para cumplir el destino declarado de Netanyahu, borrar del mapa al enemigo, causante de la peor tragedia civil en suelo israelí desde la guerra del Yom Kippur en 1973.

A propósito de esta posición irreductible de Hamas y el régimen de Netanyahu, el mismo que ha socavado las bases del Estado israelí, cito al filósofo e historiador israelí, Yuval Noah Harari, quien, en un artículo publicado en medio de este conflicto por el Washington Post, repudió con dureza total al propio Netanyahu, a quien señala como un pésimo primer ministro, pero describe como un genio de las relaciones públicas.

En busca de una luz en el camino sigo con Harari: "los israelíes todavía estamos tratando de entender lo que nos acaba de pasar. Primero comparamos el desastre de estos días con la guerra de Yom Kippur, en 1973: hace 50 años, los ejércitos de Egipto y de Siria lanzaron un ataque sorpresa y le infligieron a Israel una seguidilla de derrotas militares, hasta que las Fuerzas de Defensa de Israel lograron reagruparse, recuperaron la iniciativa y dieron vuelta el tablero".

Aclara sin embargo que al tiempo en que más y más imágenes y horrendos relatos de la masacre de comunidades enteras salían a la luz, los israelíes se han dado cuenta de que ésta no se parece en nada a la guerra de Yom Kippur.

Recuerda que aún en su familia “crecimos escuchando las historias de judíos indefensos que se escondían de los nazis en el sótano o la despensa, sin nadie que fuese a ayudarlos. El Estado de Israel fue fundado para asegurar que eso no volviera a ocurrir", precisa.

Y sin embargo, pregunta, “entonces por qué ocurrió? ¿Cómo 'desapareció en acción' el Estado de Israel?". Harari critica en este sentido a su propio pueblo al señalar que “En un nivel, los israelíes están pagando el precio de años de arrogancia, durante los cuales nuestros gobiernos y muchos ciudadanos ordinarios israelíes se sintieron más fuertes que los palestinos, que pensaron que podíamos simplemente ignorarlos. Hay mucho para criticar sobre la forma en que Israel abandonó todo intento de hacer las paces con los palestinos y en que ha mantenido a millones de palestinos bajo ocupación durante décadas". 

Esto es lo que explica, según Harari, la disfunción de Israel, más que cualquier supuesta inmoralidad previa, es el populismo".

Netanyahu, expone, es "un genio de las relaciones públicas, pero un primer ministro incompetente" porque según el escritor, el Mandatario israelí "siempre ha puesto su interés personal por encima de los de la nación, y construyó su carrera política dividiendo al país para ponerlo contra sí mismo".

El historiador también cuestionó al Gobierno de coalición que lidera Netanyahu, "una alianza de fanáticos mesiánicos y oportunistas desvergonzados, que hicieron caso omiso de los muchos problemas de Israel -incluido el deterioro de la situación de seguridad-, para abocarse a un insaciable acaparamiento de poder para ellos mismos".

Harari también acusa al Ejecutivo israelí de no tomar en cuenta las advertencias hechas por las propias fuerzas de seguridad y expertos independientes de que "sus políticas ponían en peligro a Israel".

Aclara, con absoluta razón, que todo esto "no justifica las atrocidades cometidas por Hamás, que de todos modos nunca ha considerado ningún tratado de paz con Israel y ha hecho todo lo posible por sabotear el proceso de paz de Oslo”.

Por ello, apunta, “Quienes dicen querer la paz deben condenar e imponer sanciones a Hamás y exigir la inmediata liberación de todos los rehenes, así como un desarme total de la agrupación terrorista".

Para Harari, "no importa lo que cada uno piense sobre el conflicto palestino-israelí, la forma en que el populismo carcomió al Estado de Israel debería servir de advertencia para el resto de las democracias del mundo". Dice. “Israel todavía está a tiempo de salvarse a sí mismo de una catástrofe. Su poderío militar aún es decisivamente superior al de Hamás y al de sus otros muchos enemigos. La larga historia de sufrimiento del pueblo judío hoy ha unido a la nación. Las Fuerzas de Defensa de Israel y los organismos del Estado se están recuperando de su shock inicial, y la sociedad civil está más movilizada que nunca, para tapar las brechas que dejó la disfunción gubernamental. Los israelíes hacen largas filas para donar sangre, reciben en sus hogares a los refugiados de la zona de guerra, y donan comida, ropa y otros elementos esenciales", señaló.

Por ello, llamó "a todos nuestros amigos del mundo para que no nos dejen solos". "Es mucho lo que hay para criticar del comportamiento de Israel en el pasado. Ese pasado no puede cambiarse, pero esperemos que cuando hayamos derrotado a Hamás, los israelíes no solo exijamos que el actual gobierno se haga responsable, sino que también dejemos atrás las conspiraciones populistas y las fantasías mesiánicas, y que hagamos un esfuerzo honesto por cumplir los ideales fundacionales de Israel: democracia interna y paz con el mundo".

Los señalamientos, denuncias y propuestas de Harari, me parece, deberían evaluarse en forma cabal, o al menos lo mejor posible, pero sobre todo, deberían abrir las mentes en otras latitudes geográficas que, desdeñan los efectos del populismo y el mesianismo, camuflados de revoluciones pacíficas o transformaciones presuntamente radicales, pero que ocultan consecuencias potencialmente trágicas, las mismas que se hicieron realidad el siete de octubre pasado cuando fanáticos perversos y endiosados perpetraron el peor ataque en décadas contra Israel, y que por ello deben ser condenados sin reservas, cautelas y mucho menos cálculos de ninguna índole.

Roberto Cienfuegos J.

@RoCienfuegos1