AUTORIZACIÓN DE VIAJES AL EXTRANJERO SOLO EL PRESIDENTE

 
Cuando se difundió la venta del avión presidencial – que aún no se vende pero
nos cuesta – llamaron la atención dos cosas. La primera que el presidente dijo que “el personalmente” entregaría el avión en una ceremonia a quien lo comprara, subrayando el gran honor que recibiría el comprador al estrechar la mano del presidente en esa ceremonia, pensé que seguramente habría una enorme fila de fifís, compradores que estarían peleándose el honor de recibir en compra el avión presidencial, cuando quizá sin ello, podrían comprar otro avión igual o en mejores condiciones, pero sin el “gran honor” de recibirlo de manos del propio presidente de México, en una ceremonia formal, que no se cuanto tiempo – horas presidente – podría significar, que quizá le distraigan de tareas más importantes o trascendentes para el pueblo de México. La segunda fue, que en la propaganda para su venta dijo que tenía un comedor muy bonito y una habitación muy cómoda. Nos preguntamos, si no se atrevió nadie a decirle al Señor Presidente que no era un comedor, que en los aviones de jefes de Estado, lo que tienen, es una sala de juntas, donde se trabaja mientras se realiza un vuelo – cualquier reportero que haya viajado en ese tipo de aviones lo sabe – y que eventualmente, si el trayecto lo hace necesario, se come en ese espacio, pero no es esa la prioridad para quien trabaja para un país, mejor que perder dos horas esperando que salga un vuelo, luego dormir dos horas durante el vuelo y si se regresa el mismo día son otras cuatro horas que ya sumaron ocho horas, Sí. Ocho horas al día, ¿horas-hombre? No, son horas-presidente, cuyo costo e importancia es aún más relevante. Hoy que ha declarado que cuando un funcionario o cualquier mexicano que tenga que volar al extranjero con motivo de trabajo, con recursos públicos, debe ser autorizado personalmente por el propio presidente de México, la primer pregunta obligada – que por cierto muchos lo piensan pero nadie se lo dice – es: tienen idea de cuantos funcionarios y becarios tienen que viajar al extranjero mensualmente. Para que el presidente, tenga que usar tiempo-horas-presidente para dedicarlo a revisar cada caso y autorizarlo o negarlo, tarea que quizá por desconfianza – y ese sería otro tema más – a sus colaboradores, sea él personalmente, quien deba revisar y autorizar. De inmediato surge también aquella declaración, cuando dijo que se compraban muchas computadoras y que desde ese momento en adelante ya no habrá necesidad de gastar tanto en computadoras. Por supuesto lo primero que me surgió como pregunta, que algún compañero periodista presente en ese momento debió hacer, es si el señor presidente sabe manejar una computadora – creo que nadie se lo ha preguntado – por lo mismo, supongo que no sabe la dinámica de la tecnología y el envejecimiento natural de los software y hardware que obligan a su actualización, pensemos por ejemplo en todas las oficinas de gobierno que se deben mantener actualizadas y tener la memoria suficiente para soportar las nuevas aplicaciones y que con la determinación hecha, por un hombre que quizá en su vida ha tocado una computadora. Me recordó a un funcionario que para realizar un trabajo eventualmente le solicitaron una computadora y su respuesta fue “pues ahí que les presten una que tenemos” y yo pensé en su momento ¿sabrá lo que significa PC? Pues claro que no, no lo sabía Personal Computer, computadora personal, desde luego eso significa que se usa para el trabajo que se realiza con mayor eficiencia.
       Por manejar solo unas cifras de CONACYT. Becarios en el extranjero en 2018 son cinco mil cuatrocientos veinticuatro. Estancias doctorales de enero a marzo de 2019 solamente doscientas setenta y siete. Me pregunto si el presidente de México no tendrá tareas más importantes que esa como para relegar esas funciones en subordinados o en realidad ni a ellos les tiene confianza. Lo peor es que nadie se atreve a decírselo. No vaya ser que lo hagan enojar. Con toda seguridad esto que escribimos, tampoco nadie se va a atrever a mostrar, por el mismo motivo.