Cuántas veces hemos escuchado: Definiciones y reflexiones sobre la actividad política, y los políticos, cuántas veces
hemos dicho que: “a mí no me interesa la política”, “no quiero saber nada de política y de los políticos”, pero en el fondo, las decisiones políticas inciden en la vida de todos los mexicanos, pero qué es ser político o qué significado tiene o cuál es la importancia de serlo y cuál es la responsabilidad de los políticos. En principio ser político significa tener una vocación de servicio, tener ganas actitud y profesionalismo para servir a los demás, para hacerle el bien a los demás. Un político se entiende un verdadero político, no un aprendiz, ni un trepador en la política, ni un narco político, ni un comerciante de la políticas, ni los rateritos disfrazados de políticos, sino un político serio. Esos que buscan trabajar y realizar una serie de actividades en beneficio de su comunidad, en beneficio de sus semejantes, en beneficio de sus compañeros o de su sociedad o de su país. Tampoco nos referimos a quienes dicen mentiras o a esos personajes malos que hacen cosas buenas para después impunemente hacer cosas malas en su beneficio personal o de sus familias. Partiendo de esa base, la actividad de un político tiene una serie de principios y condiciones, una de ellas, quizá el más importante, saber lo que se está haciendo. Decía un famoso político mexicano que la diferencia entre un tecnócrata y un político es que el tecnócrata “hace lo que sabe”. Y el político sabe lo que hace ¿Y qué significa esto? Que para cualquier actividad que desarrolle un político, necesita tener una visión clara, amplia y de estadista. ¿Qué es ser estadista? Quien se desprende de sus propios intereses y hasta de cuidar su imagen, pensar más que en una comunidad o en un momento, tiene que pensar en las nuevas generaciones y en la trascendencia de su obra y de las cosas que realiza. Lo que significa que la actividad del político tiene que estar programada, tiene que estar reflexionada, tiene que estar pensada viendo los pros y los contras, tiene que ejemplificar y hacer ensayos para no cometer errores. Planificar su actividad implica ver las bondades y los perjuicios que se derivan de tomar o tener una decisión y tomar una decisión que sea lo más productiva, lo más beneficioso para la comunidad y lo menos dañina. No siempre se toman las decisiones más acertadas, pero a veces tienen que tomar decisiones, aquellas que sean lo menos perjudiciales para su comunidad. Pero ante esta situación, viene un punto fundamental que estamos viviendo en estos tiempos. Lo que los políticos realizan tiene repercusiones inmediatas, mediatas y a futuro y a veces hasta para las nuevas generaciones. Y la responsabilidad de las consecuencias y las decisiones que se toman, es lo que da la magnitud, la dimensión, el tamaño o la estatura de un político. Un político responsable no hará cosas que sabe que con el tiempo puedan costarle más a una sociedad o a la comunidad o a un país. Y debe de ser cuidadoso. Esto viene a colación porque cuando nos referimos a lo que ha sucedido en Venezuela y que si a Venezuela le están violentando sus derechos, le están violentando su soberanía, es responsabilidad de los políticos. Los políticos tienen que saber que las decisiones que tomen si son erráticas o temerarias tienen un costo social. Y eso es lo que ha sucedido a Venezuela. El que haya y esté pasando ahora por el riesgo de la imposición de los Estados Unidos o de una invasión territorial o del control y manejo de sus recursos naturales, es consecuencia de los venezolanos y es consecuencia de sus políticos. No es consecuencia de los norteamericanos. A ellos les ponen la oportunidad y cualquiera que tenga la oportunidad la aprovecha. Ellos no piensan en función del beneficio para Venezuela, sino cada uno piensa para su beneficio propio. Y eso es lo que los políticos venezolanos y los dictadores venezolanos no han pensado. Pensaron que lo que decidían podía realizarse de manera impune y no pasaba nada. Hoy van a medir las consecuencias. Lo mismo ha sucedido con otros países, lo mismo sucedió en Irán en su momento. Y lo mismo puede suceder en México si los políticos mexicanos no consideran las consecuencias de lo que hacen. Por lo pronto, la desaparición del Estado de derecho y la pantomima que provocó la destrucción del poder judicial está provocando la desconfianza de los Estados Unidos y la desconfianza de los inversionistas por no tener reglas claras, por no tener un poder judicial autónomo que pueda garantizar la justicia imparcial y autónoma. Decisiones que puedan tomarse y que afecten a los intereses de otros países. El tener un estado de derecho endeble o sujeto a los caprichos del jefe del ejecutivo, evidentemente, crea desconfianza. Y en casos como los norteamericanos que tienen un tratado de libre comercio con México, lo mismo que en el caso de Canadá, puede provocar decisiones torpes. Y lacerantes para los mexicanos, pero no son culpa de otros países. Es culpa de las estupideces que los propios mexicanos y desde luego sus políticos están haciendo. Después no nos quejemos como Maduro. Ni vayamos a la ONU o a la OEA como plañideras.
Eduardo Sadot Morales Figueroa
Doctor en Derecho
eduardosadotoficial
@eduardosadot
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