¿La orden contra Alito vino de Palenque?

A raíz de las denuncias en Washington algo comenzó a moverse contra Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional del PRI,

desde el martes 11 de agosto. No parece una simple coincidencia que, en cuestión de horas, se haya reactivado una ofensiva política, mediática y digital que colocó a “Alito” en el centro de una tormenta. El martes 11, la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, dedicó buena parte de su conferencia a cuestionar a Alejandro Moreno por sus acciones en Estados Unidos y a vincularlas con las investigaciones que enfrenta en México.

La confrontación estaba servida. Qué representa electoralmente hablando, la eventualidad de hacer mártir al líder del PRI, es un codiciado trofeo electoral de MORENA fabricando pruebas – para eso tienen una fiscal carnal, un poder judicial dócil y el acceso ilimitado a los recursos públicos, con la ventaja de la opacidad y sin rendir cuentas. La respuesta de Moreno no tardó. En sus redes acusó a Montiel de amenazarlo con investigaciones para quitarle el fuero e impedir que continuara denunciando al gobierno. Pero lo ocurrido después resulta todavía más llamativo. En un lapso de aproximadamente 48 horas fueron detenidas dos personas vinculadas con el entorno de Alejandro Moreno: Luis Antonio Espinosa Campos, señalado como contador y representante de empresas relacionadas con su hermano, y Carlos Alberto Medina Hernández, exdirector de Comunicación Social durante su gobierno en Campeche. Las detenciones dieron nuevo combustible a las acusaciones contra el dirigente priista. El miércoles 12, Morena anunció que el proceso de desafuero de Moreno “está vivo” y reclamó reactivar el procedimiento. Ese mismo día, la confrontación política llegó a los empujones entre legisladores de Morena y PRI. Mientras tanto, las redes sociales comenzaron a convertirse en una auténtica caja de resonancia contra Alito: desafuero, corrupción, persecución, traición y vínculos con quienes son investigados aparecieron repetidamente en la conversación pública. ¿Es una casualidad que todo haya ocurrido prácticamente al mismo tiempo? No puedo afirmar que exista una operación de bots ni que haya una orden directa para producir una campaña digital contra Alejandro Moreno. Hasta ahora no existe evidencia pública suficiente para demostrarlo. Pero tampoco sería serio ignorar la sincronía política y comunicacional de los acontecimientos. Mi percepción es otra: la ofensiva pudo haber comenzado arriba y después haber descendido por las estructuras políticas y digitales del oficialismo. Y si así fuera, resulta inevitable preguntar si la instrucción salió de Palacio Nacional o, como muchos mexicanos sospechan, de Palenque. No afirmo que la orden haya salido de Palenque. Señalo una percepción política que merece ser investigada: ¿por qué precisamente el martes 11 se activa simultáneamente el discurso contra Alito, se recupera el desafuero, se multiplican las acusaciones y comienza a crecer la conversación negativa en redes? El jueves 13, Claudia Sheinbaum volvió a colocar el caso en el centro de la agenda al responder a Moreno por sus acciones en Estados Unidos y señalar que el eventual proceso penal corresponde a la Fiscalía de Campeche y que el Congreso tendría que decidir sobre el desafuero. La política puede producir coincidencias. Pero cuando varias piezas comienzan a moverse simultáneamente, conviene mirar quién las mueve. Y ésta es la pregunta que queda sobre la mesa: ¿La campaña contra Alito nació espontáneamente en las redes, o las redes simplemente recibieron una señal que ya había sido dada desde arriba? Porque si la segunda hipótesis fuera cierta, la pregunta siguiente sería inevitable: ¿Quién dio la orden? Y mi percepción, por la sincronía de los acontecimientos, apunta hacia Palenque.

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