Otra vez Calderón

SINGLADURA

Una vez más el ex presidente Felipe Calderón incursiona en campañas políticas de signo albiazul. Tiene derecho, claro. También es cierto que como ex presidente rompió la tradición de sus antecesores priistas de prácticamente retirarse de la política. Unos porque tras el poder se hicieron impresentables a la opinión pública que los confinó al destierro como el caso emblemático de Carlos Salinas de Gortari. Otros mejor fueron en busca de buen recaudo a empresas multinacionales y/o universidades del extranjero. Fue el caso de Ernesto Zedillo, quien al menos tuvo el pundonor de renunciar a la pensión vitalicia que se concede en México a quienes gobernaron el país, “haiga sido como haiga sido”, según la expresión popular que se endosa al ex inquilino panista en la residencia oficial de Los Pinos.

Calderón, cuyo gobierno fue poco menos que un desastre –un saldo inherente a prácticamente todos los Jefes del Ejecutivo mexicano a partir del sexenio de Miguel De la Madrid- sigue en campaña –quizá aquejado por el síndrome AMLO, paradójicamente su mayor demiurgo-.

Pero su gobierno fue tan malo –no sólo por la tragedia bélica en la que sumergió al país- que no le quedó más remedio que devolver el poder nada menos que al PRI, el partido al que su casi ex correligionario Vicente Fox, expulsó de Los Pinos. El hecho, simple y escueto, fue ese. Calderón, al igual que Fox, no dieron la talla y tuvieron que doblegarse ante un PRI envalentonado que volvió por sus fueros con peores prácticas y mayores ínfulas de las que se llevó en 2000.

Casi de inmediato al término de su sexenio, Calderón también puso pies en polvorosa. Se refugió en Harvard, pero después se supo que no llegó a esa universidad por la puerta grande, sino que entró casi por el sótano. De esto último parece haberse olvidado el hombre que se asoció a la hoy encarcelada y dolida maestra Elba Esther. Claro si usted le pregunta, Calderón dirá que se trató de un acuerdo “de alta política” con la ex dirigente magisterial, a quien le regaló cargos en el ISSSTE, la SEP y aún en la Lotería Nacional, casi igual que lo hizo Fox.

Tampoco se acuerda o finge no hacerlo –sabe por qué motivos y naturaleza de éstos- de que la abanderada de su partido a la presidencia y su propio partido en las elecciones de 2012 quedaron en el sótano de las preferencias electorales, único sitio posible tras el desastre en el que sumergió al país.

Ahora, ya con la cara semilavada, Calderón vuelve a las campañas y lo hace de la mano de su esposa, Margarita, quien tras sufrir al menos un par de traspiés dentro de su propio partido –ni diputada ni presidenta del partido- aspira a competir por la presidencia del país.

Ambos pueden darse ese lujo. Después de todo, los mexicanos –siempre tan sufrientes- seguimos pagando sus gastos por la vía de la mesada reservada a los ex presidentes mexicanos, independientemente –insisto- del saldo de su gestión, un punto dicho de paso que debería ser revisado como parte de eso que se llama “rendición de cuentas y transparencia”. La pensión vitalicia para los ex presidentes debería ser otorgada no en automático como ocurre, sino previa entrega de cuentas y transparencia. Como se pretende ahora con los maestros, también los presidentes deberían ser evaluados al término de su mandato en forma tal de que los mexicanos decidamos si merecen o no el beneficio de la pensión de lujo que tienen para ellos y sus descendientes.

Calderón hace campaña por dos razones: una pretende probar que puede caminar en las calles sin avergonzarse de su gestión, y dos, se amarra al brazo de su esposa para acceder –posibilidad que miro remota- de nueva cuenta a Los Pinos, aún ésta vez fuera por el sótano, como es su estilo.

Pero quizá reditue poco a sus ahijados. Si no, recuerde usted que ni siquiera en el poder pudo colocar a su hermana “Cocoa” al frente del gobierno michoacano.