Entre el dolor y la justicia

sinpunto

Los padres de los normalistas de Ayotzinapa muertos hace seis meses en Iguala a manos de la banda de " Guerreros Unidos", además de los policías locales y de Cocula infiltrados por la criminalidad, llevan seis meses con su dolor a cuestas y exigiendo justicia. Y no puede ser de otra forma, porque cualquier padre o madre haría lo mismo en tanto tuviera fuerzas y recursos para mantenerse en lucha. Han recurrido a todas las instancias sin encontrar respuestas, quizá porque la única respuesta es la certeza de la muerte de sus hijos. Aunque también hay que entender que alguien que busca un hijo mantendría la esperanza viva hasta tener pruebas consistentes y suficientes de su muerte.

Un padre o madre que clama el regreso vivo de un hijo es porque tiene la esperanza de que no ha muerto, o simplemente porque han sido aleccionados para ello. Pero una cosa es clamar justicia y la otra exigir el regreso con vida de los desaparecidos. Me parece que esta contradicción forma parte de la naturaleza de aquellos que hasta ahora han venido manipulando la conciencia de quienes invadidos por el dolor y la angustia, se aferran a un clavo ardiente que les quema por dentro pero que les otorga fortaleza para mantener una lucha que saben perdida de antemano.

"Vivos se los llevaron y vivos los queremos" es una desgastada frase utilizada desde la resistencia de aquellos que se condenaron a la clandestinidad por cometer delitos en aras de una lucha reivindicatoria en la década de los setenta del siglo pasado, y vuelta a reeditar para continuar esa oposición a un régimen que se fue y regresó por voluntad de las mayorías. La lucha den las palabras, las frases, los discursos y las exigencias son un recurso retórico y reivindicador, pero muy alejado de la realidad de esos padres y madres que padecen en las entrañas de su pobreza el dolor, ese dolor no es sufrido ni sentido por quienes detrás de ellos tienen una finalidad distinta. El fin justifica los medios dicen que adujo Maquiavelo, y lo utilizan bien aunque la justicia es lo que menos les importa.

Negro destino les espera porque su pena se mantendrá mucho tiempo mientras el olvido se siembra en una sociedad que comienza a mostrar hartazgo por los excesos de quienes buscan mantener una protesta cuyo único sentido no es apagar el dolor de los padres de los desaparecidos, sino confrontar al Estado porque de eso han vivido y medrado muchos años y nunca aprendieron a hacer otra cosa. La realidad es dura, sus hijos fueron asesinados y desaparecidos, pero no lo aceptarán porque siempre estará prendida la llama de la esperanza. Pero hay algo que no se ha investigado, y es la identidad de quiénes los enviaron a Iguala a confrontar a las autoridades municipales para arrancarles una buena cantidad de dinero como lo hicieron en año anterior. Esos son los verdaderos responsables de la muerte de los normalistas y del dolor que han causado en esos padres a los que ahora manipulan. Ellos buscan justicia, los otros simplemente continuar una lucha ideológica desfasada por el tiempo en contra de un sistema de instituciones a quien siempre han identificado como enemigo, esté quien esté al frente. Eso es lo que se tiene que desenmascarar. Al tiempo. This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.