Vecindad irremediable

Hace más de un siglo, Porfirio Díaz Mori expresó: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.

En octubre del 2021, el presidente Andrés Manuel López Obrador soltó en una reunión con el secretario de Estado estadunidense, Antony Blinken, esta otra fase: “Bendito México, tan cerca de Dios y no tan lejos de Estados Unidos”.

La frase fue pronunciada por López Obrador durante el primer Diálogo de Alto Nivel sobre Seguridad.

La vecindad geográfica es un hecho contundente, definitivo para estos países, cuya historia corre absolutamente paralela y de manera inevitable. Unos 40 millones de mexicanos viven hoy en el país vecino. México capta unos 60 mil millones de dólares que envían sus connacionales desde territorio estadunidense. Los dos países comparten una frontera de más de tres mil kilómetros. Se le considera la frontera más activa vibrante del mundo. México destina más del 80 por ciento de su comercio a la potencia del norte, el mayor inversionista en México con unos 15 mil millones de dólares en el 2021, según cifras de la Secretaría de Hacienda, seguido por España de lejos con unos cuatro mil millones de dólares el mismo año.

Se trata de intereses mutuos, compartidos y fundamentales. El ex secretario de Hacienda, Agustín Carstens dijo un día que, si Estados Unidos enferma de catarro, a México le da pulmonía. Todos estos hechos son apenas un reflejo de la intensa vecindad geográfica de este par de países, que Alan Riding describió en un libro bajo el título de Vecinos Distantes. Un retrato de los mexicanos.

Nunca ha sido una relación sencilla entre un país como México, aún inmerso en un proceso geográfico de desarrollo a distintas velocidades, y Estados Unidos, todavía una superpotencia mundial.

Historia de encuentros y desencuentros constantes, aún permanentes, las relaciones bilaterales han entrado en una nueva dinámica bajo el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, primero con la administración del republicano Donald Trump, ahora con el demócrata Joe Biden. Relación compleja entre países profundamente disímiles en su origen y evolución histórica.

Bajo el gobierno de la 4T, esta relación, crítica, estratégica, vital para México, suma roces cada vez más constantes que van desde las áreas políticas, comerciales, energéticas, alimenticias –caso del maíz transgénico- migración, y más recientemente por asuntos de inseguridad, crimen, armas, violencia y aun judiciales. ¿Cómo conciliar?

Es un acierto de ambos gobiernos mantener abiertos sus canales de comunicación. La víspera, nada menos, el presidente López Obrador sostuvo en Palacio Nacional un encuentro con la asesora de seguridad nacional de la Casa Blanca, Liz Sherwood-Randall. La reunión se prolongó más de tres horas, un reflejo por sí sólo de la importancia que las partes confieren a este tipo de encuentros, precedidos por los que ya han tenido lugar a escala presidencial en la Ciudad de México y Washington.

Este viernes, López Obrador dará detalles más amplios de este encuentro para abordar el fenómeno del fentanilo, su comercio y el impacto sanitario en Estados Unidos. Siguió la reunión al trágico episodio registrado en Matamoros, Tamaulipas, con la pérdida de las vidas de dos ciudadanos estadunidenses, al parecer vinculados al trasiego y negocio con drogas.

Nada es fácil en esta relación tan compleja, que se adereza con reacciones no pocas veces viscerales y de grave impacto político, como la idea entre sectores conservadores de lanzar ataques armados en México para contener al crimen y las drogas. Nada más contraproducente e inútil aún que alentar este tipo de escaladas, que por supuesto no son nuevas.

Del lado mexicano, tampoco sirven los golpes de patrioterismo. Sirve claro defender la soberanía nacional, inclaudicable.

¿La receta? Diálogo, diálogo y más diálogo para la cooperación. Nadie puede levantar la primera piedra sin medir y evaluar las consecuencias. Es tiempo de honestidad, diplomacia y reconocimiento absoluto de respeto y consideración entre este par de países indisolublemente ligados por su historia y geografía. 

Roberto Cienfuegos J.

@RoCienfuegos1