¿Cambio?

Albert Einstein nos dijo esto: “no pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”.

¿Habría que abundar al respecto?  Lo creo innecesario. Viene el punto a propósito de los resultados heredados de la política contra el crimen y el combate al narcotráfico que inició en diciembre de 2006 el entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa, camuflado con el uniforme verde olivo como símbolo de su investidura de jefe supremo de las fuerzas armadas nacionales.

De entonces acá, poco, muy poco ha cambiado en México. Con el gobierno de Enrique Peña Nieto, apenas se modificó el acento de la narrativa con la que Calderón Hinojosa selló el fracaso de su gobierno en materia de combate al crimen y el narcotráfico. Peña Nieto suavizó el discurso y quitó el énfasis en esta política. En ninguno de ambos sexenios hubo una mejoría, no al menos sustancial, en los resultados contra el crimen. Por el contrario, los muertos se repitieron por miles.

Las cifras hablan del fracaso de ambas administraciones, panista primero y priista enseguida. 

Datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística, el Inegi, hacen ver que la guerra de Calderón Hinojosa dejó un saldo de 121 mil 683 muertes violentas. ¿Habría de reconocerse esto como un triunfo? Ni hablar, además, del desastre social, económico y humano que heredó el señor Calderón Hinojosa a México. Ni hablar, claro, del por qué su hombre número uno y responsable de la seguridad nacional, Genaro García Luna, está en espera de una condena penal en junio próximo por su papel en esta guerra y sus asociaciones criminales, expuestas en una corte neoyorquina, algo que no deberíamos olvidar ni obviar los mexicanos so pena de permanecer mucho más tiempo bajo el flagelo criminal.

Con Peña Nieto, las cosas no fueron mejores. Si acaso, el tema del crimen y el narcotráfico perdió peldaños en la agenda nacional con el propósito, claro, de hacer pensar y/o creer que se registraban avances en esta materia. Pero en realidad fue peor.

Con base en datos consolidados también del INEGI, en el sexenio de Peña Nieto hubo 156 mil 437 asesinatos en México, un pico en este campo.  Ni hablar de los presupuestos públicos para estos fines, que crecieron en forma acelerada en estos dos sexenios.

Las cosas y costos criminales, lamentablemente hay que decirlo, tampoco han mejorado ni disminuido para México con el gobierno de la Cuarta Transformación. Peor aún, se han recrudecido.

Entre 2019 y noviembre del 2022, suman 137,603 asesinatos, un alza del 13.14% respecto al total de homicidios registrados en todo el gobierno de Felipe Calderón, con 121 mil 683 de estos delitos.

Es cierto, el gobierno actual registra un 22% menos asesinatos de los registrados durante el sexenio de Peña Nieto, cuando se contabilizaron 156,437 víctimas de homicidio.

Con base en datos oficiales, la tendencia anual de homicidios en el periodo de la Cuarta Transformación rebasa las 35,000 víctimas, frente a las más de 20,000 que registró el sexenio pasado.

Así que en promedio, el gobierno de turno registra más de 2,300 homicidios dolosos al mes, mientras que con Peña la cifra fue de 1,779 y con Calderón 1,269.

Expertos alertan y temen que en lo que resta del sexenio, las tendencias criminales puedan alcanzar cifras históricas. Ojalá y no, pero…

Lo ocurrido el viernes pasado en Matamoros, Tamaulipas, donde un grupo criminal secuestró a cuatro ciudadanos estadunidenses, mató a dos de ellos, dejó a otro herido y sobrevivió uno, tensiona como nunca en este sexenio las relaciones en esta materia de seguridad con Estados Unidos. No es cosa menor. Acrecienta un riesgo para la soberanía mexicana, coloca en un trance difícil al gobierno de López Obrador y da municiones de alto calibre a los republicanos de aquel lado de la frontera. Incluso, pone al presidente Joe Biden en un predicamento, presionado por los duros estadunidenses, en un año prelectoral. Nada fácil el tema, pues.

Larry Rubin, quien preside la American Society en México, lamentó lo ocurrido en Tamaulipas y dijo que este tipo de crímenes “suceden a mexicanos y americanos continuamente”. Consideró que es tiempo de exigir resultados diferentes a las autoridades de ambos países y propuso “un esfuerzo binacional” en la lucha contra el crimen.

“Queremos y creemos que México y Estados Unidos merecen resultados mejores. Haciendo lo que se ha hecho hasta ahorita para luchar contra el crimen, no ha tenido resultados, afectando a mexicanos y americanos por igual”, apuntó Rubin. 

Este comentario hace pensar sobre la oportunidad y utilidad de un cambio, un golpe de timón como suele decirse en este campo. Tal vez supondría dejar la receta de abrazos y no balazos para enfrentar el crimen que sufre México y la ira de EU por la muerte en México de sus connacionales. 

Este martes, el presidente López Obrador confirmó que mañana jueves viajará a México el responsable directo de la Casa Blanca para el combate del fentanilo a fin de sostener una entrevista en Palacio Nacional. Esto en relación con este tipo de droga que está causando entre 70 mil y cien mil muertes en el país vecino. Se dice fácil, pero es un número elevadísimo de muertes. Las presiones crecen y los círculos se están cerrando. Haría falta un viraje radical y/o un intenso trabajo diplomático para asegurar el respeto a la soberanía de México y un alivio para los ciudadanos de ambos países. En este sentido, ya es tiempo.

Roberto Cienfuegos J.

@RoCienfuegos1